20 MINUTOS EN EL PARQUE BERRÍO

Por Andrés ‘Pote’ Ríos Twitter: @poterios

Por Andrés ‘Pote’ Ríos

Viernes, 2:30 de la tarde. Estoy en la estación del metro del Parque Berrío para encontrarme con alguien. Llego puntual; ese alguien, al mejor estilo criollo, se demora. No salgo de la estación, decido quedarme cerca a la zona de torniquetes y asomo el cuerpo y la mirada hacia la parte sur del parque y los bajos de la estación. Es una altura de dos pisos aproximadamente, la vista es clara, solo hay que afilar la retina para ver todo lo que confluye en este tradicional lugar durante pocos minutos.

En las escaleras que dan sobre el parque y que permite el acceso a la estación se aposta mucha gente. La mayoría son hombres de unos 50 años con el biotipo del trabajador que está a punto de jubilarse o ya lo está. Unos sostienen en la mano un vaso de plástico con tinto y en la otra sostienen la edición del día de El Colombiano. Conversan en grupos o en pareja. Miran constantemente alrededor. Abajo, en la zona que da contra la carrera Bolívar, están algunos negocios de comidas. Tres jóvenes liquidan una caja de ron, la terminan y la botan sin pudor alguno al piso. Caminan con aires de desequilibrio. No son “monjas de la caridad”, se nota que están al rebusque, están “cazando”. Ellos se apostan también en las escaleras.

Levanto la mirada hacia el parque, está repleto como siempre. Gente con sombrero, otros tocan guitarra, otros van de lado a lado. Lo anterior dentro de lo normal en un escenario como estos. Dejo de mirar y me dedico a observar. Veo a dos tipos de mujeres. Unas rondan los 50 años, son, como dicen por ahí, veteranas. Otras no sobrepasan los 15 o 17 años. Su vestimenta es de chores, blusa corta que denota la zona abdominal, prominente en algunas, y caminan en parejas. Hablan entre ellas, no sueltan el celular de la mano, lo miran con constancia y fijan los ojos de igual forma en el entorno. Se acercan a varios de los hombres del sector, algo les dicen, unos responden que no, otros mantienen la conversación que se torna en negociación. Una de ellas, de las que tienen 15 o17 años, se va con uno de los que tiene 50. Es claro, en el parque hay prostitución, y no son cuatro o cinco mujeres, conté unas 20.

La persona con la que me voy a encontrar no llega. Me llama y dice que espere afuera de la estación. Sé el sector en el que estoy, nadie niega que el Parque Berrío es una zona dura de atracos. Salgo con prevención, meto bien mi celular en el bolsillo y me siento a esperar afuera en una de las escaleras que da al parque. El panorama es más amplio.

La gente va y viene. Veo mujeres que sostienen termos en los que venden tinto alrededor del parque. Le pregunto a un hombre que está sentado a mi lado que si ese tinto es bueno. Me dice sin aspaviento que sí, pero que muchas de esas muchachas usan eso como fachada porque se dedican a la prostitución o les dan información a las bandas de “escaperos” que se dedican al atraco en la modalidad de “cosquilleo”. Compruebo lo que muchos ya sabíamos…

Miro más tipos que merodean, que observan, que meten un bareto, otros toman guaro. Otro ‘grupete’ denota que está en plan de cosas turbias, eso se respira en el aire. Muy al fondo, al oriente, veo dos motos de la Policía parqueadas, los dos agentes están al lado, el uno mira su celular, el otro mira hacia el parque. Al lado hay dos casetas, una de guía para el turista, otra de atención a la ciudadanía. Hay un par de funcionarios de espacio público y uno más de la Secretaría de Gobierno.

Vuelvo a posar la mirada hacia las escaleras. Hay transexuales, miembros de la comunidad LGBTI, que hacen parte también del paisaje. Compiten por posibles clientes, hablan duro, buscan sobresalir.

Se mezclan sonidos que va de la música popular, el reguetón, los megáfonos de los carreteros que promocionan sus aguacates hasta el sistema de sonido de un guía turístico que conduce un grupo de unos 20 extranjeros. Todos miran alrededor con sorpresa y el guía les advierte en inglés que cuiden sus morrales y no acepten nada de nadie. Al tiempo, les cuenta que, como dice Wikipedia, este lugar es:

“Un centro fundacional, un ícono urbano donde los antioqueños han confluido por generaciones como principal lugar de encuentro. La Plaza Principal, como se le llamó en un comienzo, era la antesala de la iglesia y allí coincidían los feligreses antes y después de la eucaristía.

Entre 1784 y 1892 funcionó allí el mercado público, y también fue este sitio escenario de ejecuciones y grandes actos públicos y políticos. Como en todas las grandes ciudades de influencia hispánica, las familias más prestantes vivían alrededor de esta plaza. El 29 de junio de 1895 se le cambió el nombre por el de Parque de Berrío”.

La estatua de Pedro Justo Berrío; La gorda, de Fernando Botero, y El desafío, de Rodrigo Arenas Betancourt, son las esculturas que son testigo del día a día de este parque. La Alcaldía de Medellín bajo la administración de Federico Gutiérrez es consciente de los problemas de la zona y ha realizado varias intervenciones que involucran también al Parque Botero, según datos aportados por la administración, estos son los resultados durante este año en el sector:

– Nueve cámaras de vigilancia en sus alrededores.

– Apoyo de 20 policiales.

– Cuentan con los cuadrantes 8 y 6.

– Capturas: 55 (flagrancia y orden judicial).

– Incautación SPA: base de coca, 386 g; marihuana, 190 g; pastillas de síntesis, 220 unidades.

– Incautación de armas de fuego: dos, tipo revolver con permiso.

– Recuperación de mercancías y elementos varios: 33 casos.

– Se cuenta con el apoyo de 20 policiales, quienes desarrollan labores de vigilancia y seguridad en parques (San Antonio), Avenida Oriental y La Playa.

Vibra mi celular, no contesto por seguridad, me paro, entro de nuevo en la zona de la estación del metro, respondo, mi cita sigue demorada; vuelvo a mirar hacia el parque, es un lugar lleno de historia y de historias. Fueron 20 minutos y es triste lo que se ve y lo que flota en el ambiente. Al fin llega la persona que tanto esperé, mi vida sigue, la del Parque Berrío también.

Por Andrés ‘Pote’ Ríos / Twitter: @poterios

 

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