Los 40 años de Star Wars

'El Pote' Ríos celebra, como todos los fanáticos de la más famosa saga de ciencia ficción del cine, el aniversario de la película que cambió la historia y nos mostró cómo se lucha con el "lado oscuro".

Por Andrés ‘Pote’ Ríos

 

En la vida hay que tener pasiones. Particularmente desconfío de la gente que no las tiene, de esas personas frías a las que nada en el mundo los mueve ¡Qué pereza andar por la vida como un iceberg esperando a hundir un Titanic que se cruce por ahí! Es que las pasiones, sean las que sean sin caer en fanatismos tontos, le dan sabor a la vida, le dan un toque alegre. Star Wars, para mí y millones de personas de todo estrato, cultura, edad y raza, nos ha robado el corazón y marca ciertos nortes de nuestras vidas. De eso hace ya 40 bellos años.

Star Wars enamora por muchos factores. Uno de ellos, porque es como la vida misma. Es una lucha entre el bien y el mal en la que el primero se ve tentado por el segundo, el mal nació del bien y constantemente está en conflicto y extraña ese bien. Y una curiosidad, en esta saga el espectador termina seducido por el mal. El llamado Lado Oscuro, ese que lideran el Emperador y Darth Vader, es un mundo al que se quiere llegar. No conozco un solo fan de La guerra de las galaxias (así se le dice y se le conoce en el mundo hispano y así le decíamos de chicos) que no ame la fase que representa lo malvado en la película. Uno no quiere que ellos pierdan… no que ganen, pero que tampoco pierdan. La iconografía del mundo de los sith, los malos, es muy atractiva: sus uniformes son bellos, sus armaduras tipo samurái encantan, sus naves son más modernas y brillan siempre. El Imperio, en Star Wars, es una entidad en la que a uno le gustaría trabajar.

Y está el lado bueno, el de los jedis y los rebeldes. En ellos prima un aspecto fundamental en la vida y que, tristemente, poco a poco se diluye más en el mundo real: el respeto. El aprendiz (padawan) respeta a su maestro jedi, este a su vez a quien lo forjó. El jedi es un protector, es sereno, promueve algo vital para la buena salud: conservar el temperamento. No caer en la ira, en el maldecir, en el odiar, en la amargura. Los jedis en sí, a través de la Fuerza, buscan que la vida sea feliz y que exista un balance entre el bien y el mal, ideal básico de la existencia misma en el mundo real.

En La guerra de las galaxias están los ingredientes que, con el paso de los años, se descubren en la vida: un tipo bonachón e ideal en su forma de ser como Luke. Un amigo leal, compinche de travesuras y que lo empuja a uno a ser más ‘vivo’, como lo es Han Solo. La princesa Leia, una mujer que afronta retos, que lidera, que es tierna, que ama y se enamora de un Han Solo, de un irreverente. Obi Wan es la figura paterna; Yoda, el abuelo sabio; Chewbacca, el amigo incondicional; C-3PO y R2-D2, la versión del Gordo y el Flaco (humor y lealtad); Lando, que es el que se ‘tuerce’, se arrepiente y vuelve a la amistad; el Emperador es el otro abuelo, el viejo verde y ambicioso, y Darth Vader es lo que hace la vida con nosotros: nos manipula, nos lleva del bien al mal, nos hace pecar por amor, nos hace cometer errores y luego nos redime, todo por el amor a los hijos.

Star Wars, desde hace 40 años, nos transporta a otro mundo, pero refleja nuestro mundo. Más allá de haber cambiado la historia del cine, cambió y cambia nuestras vidas. De ahí su genialidad.

Hace 40 años me enamoré de esta saga. Colecciono muñecos, camisetas, libros, confieso que ante una persona que no la ha visto me convierto en una especie de testigo de Jehová o de alguien que quiere capturar a otro para un negocio multinivel. Pero hay algo que es claro: como lo son Coca-Cola, Los Beatles o el fútbol, Star Wars es un sello de la humanidad. ¡Felices 40 años, película amada! Que la Fuerza esté con todos ustedes (y el Lado Oscuro también).

Por: Andrés ‘Pote’ Ríos / Twitter: @poterios

 

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