No supongas, por favor

Por Zalman Bem-Chaim

Suponer es la cuota inicial de un error. Bueno, al menos así resulta en el mejor de los casos, porque habitualmente suele ser el error completo, pero pasa tan desapercibido que no vemos con claridad la cantidad de problemas, discusiones y malos ratos que podríamos evitar con tan solo dejar de suponer.

Por ejemplo, en medio de una discusión, habitualmente suponemos que tenemos la razón, con lo cual se hacen más profundas las diferencias y se aleja más una potencial solución. Pero incluso antes de iniciar una discusión, habitualmente se repite una misma situación y es que creemos que quienes nos rodean entienden lo que estamos haciendo o diciendo de la misma manera en la que nosotros lo ideamos en nuestra cabeza, y no necesariamente porque lo tengamos claro en nuestra cabeza las otras personas lo interpretarán igual.

Suponemos que lo que leemos en redes sociales es siempre cierto, que lo que vemos en televisión o dice alguna persona famosa es verdad, suponemos constantemente que lo que nos dicen los políticos, líderes religiosos e incluso nuestros padres es una absoluta verdad, y por ende lo vivimos como tal cargando sus experiencias y conocimiento, pero también sus prejuicios, miedos y puntos ciegos ante determinadas situaciones o cosas. Hay quienes llegan a suponer tanto que hasta se les olvida pensar, y han dejado de lado lo valioso de preguntar.

Quien constantemente está preguntando está abriendo un espacio para entender mejor una situación desde diferentes puntos de vista, amplía su conocimiento, su curiosidad y se aleja cada vez más de la posibilidad de ser esclavo de la ignorancia.

Vivir de suposición en suposición es entregarse a un estado de incertidumbre absoluta, en el que se hace una apuesta a una única posibilidad de como deberían ser las cosas o las respuestas que esperamos, como si con eso pudiésemos controlar la reacción de los demás, lo cual es prácticamente imposible.

Por otro lado, cuestionar lo que se nos muestra como verdad absoluta, preguntar para resolver nuestras dudas o tener un mensaje más claro de lo que se nos dice permite que nuestro criterio se amplíe y podamos ser creadores de nuestra propia verdad y dueños, a su vez, de nuestra realidad.

No existe una verdad absoluta, toda verdad es subjetiva al criterio del observador. En otras palabras, las cosas solo son buenas cuando decidimos verlas como tal, y precisamente esa es la importancia que cobra el no tragar entero, porque cuando suponemos, estamos entregando a la incertidumbre nuestro poder de decidir cómo queremos ver la vida.

Para crear nuestra verdad y decidir realmente cómo queremos ver y vivir nuestra vida, necesitamos cuestionar lo que nos rodea, cuestionarnos nosotros mismos, permitir que nuestra curiosidad nos vuelva más sabios, amplíe nuestro conocimiento y seamos más creativos. Por eso no supongas, por favor.

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