Vicky y Chuck Berry

Por Andrés Ospina

Entre Charles Edward Anderson Berry y Esperanza Acevedo Ossa hay sustanciales diferencias. Lo digo no para adentrarme en comparaciones desproporcionadas sobre la contribución de cada uno al arte sonoro, sus habilidades como compositores e intérpretes, o sobre lo mucho o poco que la una o el otro nos mueven o disgustan, sino para evidenciar una verdad: si bien ambos ostentan un sitio en la cultura popular nacional o universal, con las distancias y los matices lógicos que ello implica, los dos arrastraron hasta su final las consecuencias de haber nacido en tierras periodísticamente distintas.

Así, mientras a propósito de su defunción el gran Chuck Berry ocupó páginas enteras y muy bien documentadas, con material fotográfico y de audio e información fidedigna en el New York Times, CNN, Rolling Stone o Billboard, muchos de nuestros reporteros de farándula también hicieron ‘lo impropio’ con Vicky… Ello con los folclorismos subyacentes, la desinformación y sus obvias implicaciones. Hasta la nostalgia es víctima cuando las ligerezas reinan. ¿Vieron, por ejemplo, cómo tituló una franja considerable de la llamada prensa seria su noticia sobre el deceso?: “La ‘plancha’ está de luto”, exclamaron al unísono, en un velado despliegue de clasismo. Ello equivaldría a que al expirar Escalona hubiesen llorado la partida de “uno de los principales cultores del ‘vallejarto’” o a que cuando se nos vaya Wilfrido Vargas –y el día esté lejano– se atrevan a degradar al dominicano a “rey del ‘ñerengue’”.

Con el fetichismo patrio que me caracteriza y conmovido por la desaparición de quien, subjetividades aparte, simboliza una época para la música en el país, estuve entre los que, puntuales, sintonizaron un anunciado tributo a la colombiana por televisión, el sábado y muy de noche. Incluso me propuse grabarlo, motivado por la esperanza de encontrarme con recortes entrañables, fotografías y demás memorabilia asociada, y con un documento periodístico de mediana calidad, con una preproducción a la altura de la homenajeada y su trayectoria.

Incluso preparado para la decepción fundamentada en experiencias previas, verlo me defraudó: escasísimas imágenes de archivo y muy poca investigación previa, distintos a lo que uno encontraría tras una consulta afanada al oráculo Google y la descarga de tres videos vía YouTube. Una charla presidida por cierto presentador veterano, famoso entre televidentes pensantes por sus desaguisados matutinos, quien además acometió a los invitados con cuestionamientos irrelevantes sobre su dieta, entre otras muchísimas intrascendencias.

Por demás, se trataba de un pregrabado reciente, producido en vida de la cantautora, con algunos colegas y contemporáneos suyos alternando respuestas a preguntas sosas y pequeños números musicales. Meritoria intención: discutible resultado. El canal en cuestión cultiva la política de congregar veteranas figuras en plaza pública para entrevistarlas, hacerlas actuar bajo condiciones que no se merece ni el más novato aspirante a La Voz Colombia, condecorarlas con placas conmemorativas de seguro adquiridas al pormayor y con descuento en La Casa del Trofeo, formularles preguntas sosas y luego dejar bien grabado y almacenado el producto en su desván “por si acaso”.

El balance desconsuela, en tanto la desmemoria sigue siendo uno de los flagelos evitables que enferma a Colombia, latifundio donde el poco rigor cunde y en el que hasta morirse constituye un riesgo para la posteridad propia al cuidado irresponsable de ciertos comunicadores, tan propensos a no pensar. Hasta el otro martes.

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