De mentiras y raseros…

Por Guillermo Rodríguez

Desde el año 2011 se hicieron serios reparos a la negociación con la banda narcoterrorista Farc con el gobierno Santos en La Habana; las críticas, siempre constructivas y con serios fundamentos, buscaban brindar garantías a la comunidad en general, a las víctimas y, sobre todo, a las nuevas generaciones; se burlaban de manera exacerbada cuando se afirmaba que los diálogos serian indefinidos en el tiempo, vociferaban aquellos “pacifistas” cuando se afirmaba que las Farc no entregarían los niños reclutados aún en sus filas, descalificaban, insultaban y apelaban a todo tipo de absurdo cuando se denunciaba que las Farc no entregarían sus armas.

Cuando se afirmó que estaban gestionando la libertad de alias Simón Trinidad insultaron, incluso señalaron de padecer “imbecilidad” y de ser amantes de la guerra; cuando se indicó sobre la posibilidad de que no respetarían el resultado del plebiscito porque les encantaba el modelo castrochavista, tildaron de “locos”; lamentablemente la realidad supera la imaginación y tristemente parece que quien hipnotizó e ilusionó a Colombia con una falsa paz, para caer en la peor trampa de la historia de la humanidad, no es cualquiera, David Copperfield es un venido a menos al lado de este personaje, ese que llora por entregarle impunidad y el destino de los colombianos venideros a la banda de las Farc.

Buscaron sacar de contexto el resultado del plebiscito, el cual como resultado arrojó la evidente desaprobación de los colombianos de la totalidad del texto negociado con las Farc; al mejor estilo de Chávez y compañía buscaron deslegitimar el resultado puro y coherente en el que los ciudadanos les dijeron no a las Farc, con el argumento que se dijeron mentiras en la campaña; las ironías de la vida, muchos veían lejos el actual escenario, muchos creerían que todo es un sueño, pero no, lamentablemente es la realidad, nos están dejando a merced de las Farc y quienes indicaron que todo lo que se denunció de las Farc y sus socios en el pasado se están quedando sin argumentos.

Las mentiras de las Farc, y para aquellos que aún tratan de deslegitimar el resultado del plebiscito con argucias y cuanta maturranga jurídica existe, son evidentes, no se fijaron tiempos para la negociación, hoy el Eln pide un modelo igual sin tiempos establecidos, las Farc no entregaron los niños reclutados y a la fecha no han entregado una sola arma, probablemente seguirán los enfrentamientos entre las “disidencias” y nada pasará; la imaginación y poder hipnotizador del ilusionista es sorprendente y pavorosa, ¿quién iba a creer que el narcotráfico y el secuestro serían delitos conexos con el de rebelión?

Tardó un buen tiempo en descubrirse el entuerto entre Odebrecht y muchos funcionarios públicos deshonestos y tramposos, ojalá sea menor el tiempo para quitarles el velo a los intereses de diseñar una falsa paz, para darle en bandeja de plata a las Farc todo el país. Hoy se habla de que existe un riesgo de que no se celebren elecciones en 2018 porque las Farc requieren un gobierno de transición; ojalá esa parte de Colombia salga de la ilusión; ojalá también a los socios de Obredecht en cientos de contratos con el Estado sean judicializados, caducados sus contratos y cancelados sus registros de proponentes. ¡Ah! Se me olvidaba que somos un país de raseros.

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