Nadie ríe

Por Adolfo Zableh

Del sistema de salud colombiano oímos calamidades todos los días. Desde la anciana de Valledupar a la que su EPS internó en un motel en vez de en un hospital, como Dios y las leyes lo mandan, hasta la noticia que explotó hace ya cinco años que afirmaba que el desfalco al sistema de parte de contratistas y funcionarios ascendía a cuatro billones de pesos. Y entre una noticia y otra, más de lo mismo: gente que se muere a la espera de una droga o una cirugía que nunca va a llegar y todo tipo de atropellos.

Pero es cierto que una imagen dice más que mil palabras, y para el caso, esta, captada hace unas semanas en un centro de salud a donde fui a tomarme unas radiografías. Seguro que en la foto no se nota el calor ni el ambiente pesado que allí se respira, pero sí se nota el hacinamiento debido a la estrechez de la sala de espera, pero, sobre todo, la cara de la gente. Nadie ríe. Y no porque estén enfermos, que también, sino porque el tratamiento que se recibe en lugar de esos es poco menos que digno. Más que una sala de espera parece un campo de concentración. Nadie ríe, y es que no hay motivos, porque ir a que lo atiendan a uno es enfrentarse no a la corrupción del sistema, sino a la debilidad del propio cuerpo. Así estemos en la buena, es muy fácil enfermar y morir de un día para otro en un sistema como el nuestro.

Nunca uso la EPS aunque la pague religiosamente todos los meses. Y la pago no porque quiera, sino porque es la única forma de que me reciban las cuentas de cobro que paso como trabajador independiente. Y aunque es un dineral, ese monto no se ve reflejado en la calidad del servicio, ni para mí ni para nadie. La regla de nuestro sistema de salud es que, aunque usted aporte sin falla, reciba tratamiento de beneficencia. Por eso hay que hacerse a una prepagada, más costosa, pero eficiente.
 
Hay quien dice que el sistema de salud público colombiano no es tan malo y que, mal que bien, da solución a la mayoría de sus usuarios. No conozco el de otros países, así que no tengo manera de comparar, lo que sí tengo claro es que con la salud colombiana te puede ir muy bien, siempre y cuando no te enfermes.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

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