Donde el río Molinos aún es joven

Por Eduardo Arias

Santa Ana Occidental es uno de esos barrios de bajo perfil que uno de veras envidia cuando los recorre. Pocas personas saben de su existencia y su nombre no le dice nada a la gran mayoría de los bogotanos. A pesar de estar cercado por la carrera Séptima, la Avenida del Ferrocarril, la Pepe Sierra y la calle 106, es un remanso de paz por el que muy pocos carros pasan y en el que los caminantes, algunos con sus perros, y los ciclistas son los dueños de la situación.

Claro, me refiero a la parte sur del barrio, diametralmente opuesta al sector norte, el que comienza en la calle 112, la zona de las torres corporativas, los bancos y los hoteles de siete estrellas.

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El principal elemento de Santa Ana Occidental es el río Molinos, que marca el límite sur del barrio. Baja canalizado y ya contaminado luego de su paso por las instalaciones militares del otro lado de la Séptima. Este río irá creciendo a medida que se acerque al humedal de Córdoba, donde se une a otros afluentes del río Salitre para llegar a Juan Amarillo, pero eso ocurre muchas cuadras más al occidente.

El recorrido del río determina que la 108A, la vía parque de Santa Ana Occidental, sea una calle curva que le da ese aire especial y único al vecindario. Una vía parque, si se quiere una versión a escala reducida del parque El Virrey. No sobra recordar que, salvo un muy corto tramo entre las carreras Novena y 11C, donde va por debajo de la tierra, el río Molinos es una de las principales vías parque de la ciudad y, si se le da un manejo adecuado, podría llegar a ser uno de los principales corredores biológicos que conecten los cerros orientales con el río Bogotá.

A diferencia de su mucho más celebrada hermana Santa Ana Oriental, ese enorme conjunto cuasicerrado de casa señoriales y mansiones que queda al otro lado de la Séptima, en Santa Ana Occidental predominan casas más bien pequeñas. Son seis manzanas alargadas que van desde el borde del río hasta la calle 110, donde comienza una zona de conjuntos cerrados y edificios de apartamentos, que son los que limitan con los grandes hoteles y bancos del costado norte.

Sin duda la diagonal 108A es la más bonita de las calles de este sector, y una de las más lindas de Bogotá. Una calle verde, muy verde, tranquila, amable por la que desde que existe ha dado mucho gusto caminar. Un barrio que le debe gran parte de su encanto al aún joven y estrecho río Molinos.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

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