Seamos más solidarios

Por Camila Chaín

Hay algo en el espíritu navideño que agudiza mucho el sentido de la solidaridad. Pensamos más en los que no pueden estar en familia para la Nochebuena, en quienes no tienen una por alguna razón, o en esos a quienes la falta de dinero hace que no puedan explicarles a sus hijos el porqué el Niño Dios no les traerá nada.

Es el momento para que aquellos que tienen comodidades agradezcan el ser afortunados, dando a los demás lo que más puedan. Claro que así debería ser todo el tiempo, pero en Navidad las excusas abundan y los buenos samaritanos también. Hoy me siento algo frustrada y muy confundida, siento que ayer pude haber hecho algo por alguien, y por andar pensando más de la cuenta intenté actuar cuando ya era demasiado tarde.

Estaba sentada almorzando en un restaurante de comida corriente, no había nadie, porque llegué justo antes de que cerraran. De repente entró un señor algo agresivo, asustado, ansioso y en menos de treinta segundos quiso vender unos envueltos de maíz con queso y bocadillo que trajo desde Soacha. Repetía que estaban frescos, calienticos y que no había vendido ninguno, a pesar de haber llegado muy temprano a la zona. Yo lo miraba fijamente, sus ojos llenos de angustia me pedían que hiciera algo, que al menos comprara unos cuantos para su tranquilidad, pero los dueños del restaurante le pidieron que se fuera, que siempre llegaba a vender y eso no era bien visto por los clientes, que nadie le iba a comprar y que muchas gracias.

Por un instante intenté seguir comiendo y concentrarme en el plato, pero no pude, le pregunté al mesero si creía que el señor de los envueltos iría ya muy lejos, que si existía la posibilidad de alcanzarlo, no sé, a lo que me dijo que ya no lo veía por ahí. Me puse triste, me recriminé, me arrepentí de no haber hecho nada y lo comenté con las pocas personas que me acompañaban. Ellos me dijeron que siempre iba con la misma actitud, como con rabia, con amargura. Quién sabe qué pasa por su mente y su corazón, nadie podría entenderlo a menos que estuviera en sus zapatos.

No me vuelve a pasar, no vuelvo a pensarlo tanto, la generosidad no tiene espera y se siente tan bien, que mi invitación es a que demos, sin esperar nada a cambio, con la mejor intención y las ganas de ayudar a los que nos necesitan.

¡¡¡Feliz fin de semana!!!

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo