En contravía

Por Schneur Zalman Ben Chaim /@Zalman5K

Por Schneur Zalman Ben Chaim

¿Derecha o izquierda?¿Arriba o abajo? ¿Me muevo o no?… ¿Cambiar o perecer?

Hay rumbos que desconocemos, de hecho nunca sabemos con total certeza hacia dónde nos movemos, y aunque todo pueda cambiar, somos nosotros mismos los que nos negamos a dejar atrás, a movernos, a evolucionar.

Y no hablo de un concepto gigante o metafísico, simplemente a movernos para avanzar, a dejar esas costumbres que nos negamos a modificar aun sabiendo que no nos aportan más, a dejar nuestros miedos atrás, que aunque los tenemos identificados no los queremos abandonar. Nos puede más la costumbre que la razón y creemos estar confundidos por vivir envueltos en una emoción de falsa seguridad, sin detenernos a mirar cuánto es costumbre y cuánto es verdad.

En el viaje que es la vida, cuanto más pronto entendamos que el destino que buscamos es una emoción (o bueno, un conjunto de ellas) y no un lugar u objeto, más pronto descubriremos la mejor manera de viajar.

Definitivamente NO podemos permitirnos ser nuestro propio enemigo y dejar que nuestros miedos tomen el protagonismo, negarnos a la oportunidad de cambio por no arriesgar, negarnos a vivir una vida que sea nuestra en realidad, o siendo esclavos de cosas que no van a definir para siempre nuestra realidad.

Pero resulta muy habitual que en diferentes campos y por todos los medios caigamos en esta trampa mortal, y sin darnos cuenta nos permitimos vivir con nuestras excusas y llenos de nuestro miedo nos declaramos en ambigüedad: queremos cambiar pero nos da miedo arriesgar a una nueva realidad, algo así como quejarnos por algo pero no querer hacer nada diferente para solucionarlo que atribuirle toda la responsabilidad a algo o alguien más.

Queremos avanzar pero no soltamos lo que tenemos atrás, conduciendo en contravía de nuestra felicidad.

La decisión es sencilla (aunque no fácil ni mucho menos simple de ejecutar en muchos casos), o cambiamos nuestra forma de ver y afrontar las cosas para apostarle a nuestra felicidad, o perecemos dejando pasar el tiempo y permitiendo que la frustración y el vacío se conviertan en nuestra realidad.

Cuando empezamos a pensar en un cambio para nuestra vida es porque sin duda llegó el momento de cambiar, y no importa cuánto miedo podamos sentir, no debemos parar, porque no hay mejor destino para cualquier viajero que aquel que lo lleva un poco más cerca de su tranquilidad, de su felicidad. Todo cambio, si se concibe, es porque es necesario, y desde que empieza a ejecutar, es para bien.

Así que no te permitas entregarte aún más a las dudas, no dejes que la rutina que llevas te envuelva de frustración. Date la oportunidad de explorar una nueva opción, de cambiar; de ver el sol que existe más allá de la bruma de las dudas; de cambiar el rumbo de tu destino, de dejar de ir en contravía para empezar a avanzar, sin mirar atrás, simplemente, por el placer de mejorar.

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