Las paredes tienen oídos

Por Camila Chaín

Siempre me han dicho que los costeños “hablamos muy duro”, por eso desde que llegué a Bogotá he procurado hablar más bajito, controlar un poco mis emociones, porque la gente no tiene por qué enterarse de lo que estoy diciendo. Sin embargo, me he dado cuenta de que, de todos modos, las paredes tienen oídos y no se trata del volumen con el que se hable, sino de la conciencia que tengamos del entorno en el que estamos cuando elegimos contarle algo a alguien.

Cuántas veces hemos estado en la fila de un banco contando una infidencia, un chisme de la oficina, criticando a un conocido, sin saber quiénes son los que están ahí con nosotros esperando ser atendidos. Cosa similar ocurre en el supermercado, en el cine, en teatro, en los pasillos de cualquier edificio, hasta en la calle.

Hace poco alguien me contó la historia de cómo se enteró de algo muy importante que ocurría dentro de una compañía de mucho prestigio, y todo porque dos personas lo hablaban como si estuvieran solas, como si nadie estuviera oyendo, ni las paredes. Mejor dicho, les faltó hablar mal de sus jefes para completar la imprudencia. Hicieron fuertes críticas, expusieron a un par de colegas y pusieron en evidencia unos cuántos conflictos internos.

Yo sé que en este momento ellos están tranquilos en sus puestos de trabajo, ni siquiera deben recordar la charla, pero lo que no saben es que alguien ya tiene datos que no debería conocer.

Si usted se sintió aludido es porque alguna vez se le “chispoteó” algo en el lugar menos indicado y yo se lo estoy recordando sin querer queriendo. Les dejo estas líneas para que revisen su nivel de prudencia y aprendan que no se trata de hablar pasito, sino de no hablar cuando esté en un sitio poco apropiado para hacerlo.

Es más, en esta época tan tecnológica el celular cumple un papel fundamental porque todos caemos en su trampa y hablamos y hablamos, hacemos visitas larguísimas mientras esperamos en una sala de urgencias, caminamos hacia el paradero del bus o reclamamos un pedido en un restaurante de comidas rápidas y todo el mundo se entera del problema que intentamos resolver con el que está al otro lado de la línea. Es importante que hagamos una campaña para recordar que hay momentos en los que deben primar el silencio, la inteligencia y la lógica.

 

¡¡¡Feliz fin de semana!!!

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