Un bogotano en Lima

Por: Andrés Ospina/ @ElBlogotazo

Por ANDRÉS OSPINA

Por inexplicable aunque generosa decisión de la Dirección Peruana del Libro y la Lectura fui convidado a Lima Imaginada, encuentro entre ocho autores foráneos sub-40 y dos pares locales congregados para luego escribir, inspirados en una experiencia que habrá de hacerse libro.

Culminado el acto inaugural, con rueda de prensa, ministra y delegaciones diplomáticas –entre estas la colombiana, concurrencia que aprecié, pues lo cortés no me quita lo anarquista– aventuré mi discurso ‘veintejuliero’… una consigna demagógica parafraseada del Che: “Aquello que une a esta mayúscula América, supera con holgura cualquier diferencia…”.

La convivencia y tanta hospitalidad corroboraron mis prejuicios positivos. Una prueba es que nuestro icopor –poliestireno expandido– equivale al telgopor argentino, a la poliespuma cubana, al plastoformo boliviano, al espumafón o espumaflex ecuatoriano, al espumaplast uruguayo, al plumavit chileno, al unicel mexicano y al tecnopor peruano. Como ven, Enzo Maqueira, Dazra Novak, Mauricio Murillo, Solange Rodríguez Pappe, Ramiro Sanchiz, Romina Reyes, Carlos Velásquez, María José Caro, Johann Page y el suscrito trenzamos sesudas reflexiones panamericanistas de sustancial relevancia.

Ya más serios, sin fungir de promotor turístico encubierto, pues con mis manos sobre los Anales de la inquisición, de Ricardo Palma, juro que las motivaciones son autónomas, confieso haber experimentado envidia por las calles limeñas, los gestos de sus gentes –menos toscos y desconfiados que los nuestros–, su Pacífico hipnotizante y aquel tren metropolitano que ellos ya construyeron y nosotros nunca haremos.

Imágenes me inundan… El Hotel Bolívar, en la plaza San Martín, escenario para esa urbe rockanrollera que Reynoso retratara en Los inocentes, una suerte de franquicia andina del Gran Hotel Budapest en cuyas tinas se marinaron en jugos propios Cantinflas, De Gaulle, Ava Gardner, Faulkner y Orson Wells, entre muchos. Lima-Norte y sus casas inacabadas de vigas entorchadas, apuntando al infinito, con la esperanza de crecer “por pisos”, evoca zonas homólogas en Bogotá. Polvos Azules es paraíso de circulación para propiedad intelectual, tecnológica y ‘fashionista’ por vías alternativas. Los ‘Chifas’… restaurantes que abundan por miles… otro de los innumerables testimonios de 166 años de presencia china.

¿Más recuerdos? Barranco. Abraham Valdelomar, dandy incaico cuya arrogancia, según leyendas, fue castigada con inmencionable muerte en 1919. El ‘cuculí’, avecilla mezzosoprano, entonando sus dos soles largos y su si bemol. Una ruptura a mi dieta libre de gluten y alcohol. ¿Quién con sentimientos puede contra los embates seductores de la Cusqueña, la Pilsen y el sanguchito? Pisco sour –más del que mis reservas insulínicas procesan– en dosis diluvianas. Inca Kola. Papas a la huancaína. Chicha morada. Autoctonismo ‘arguediano’. Suspiros limeños. Causa. El bar Maury. El Cordano. Gatos acantonados en el Parque Kennedy, donde son soberanos. Alimentos que mi vegetarianismo no consiente, pero cuya sonoridad justifica mencionarlos: el ‘anticucho’, parecido al ‘pincho’ nuestro, pero de corazón. Tal paralelo –venido de mis labios mientras departíamos en Huaca Pucllana, un lounge junto a cierto emplazamiento arqueológico ‘dosmilenario’– desató justificables cuestionamientos concernientes a mi decencia.

Aparte de la invitación para que todos –en la medida de nuestras imposibilidades– encontremos cómo visitar tan fraterno suelo, les dejo la nostalgia anticipada de quien aún no quisiera sentirse lejos, la gratitud hacia esos nuevos amigos de patologías, fetiches e ideas que encontré, el sueño de regresar a donde cada vez me percibo menos extranjero y la promesa de bastantes páginas por confeccionar. ¡Gracias, Lima Imaginada!

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