¿A qué le tienes miedo?

Por Por Zalman Ben-Chaim

¿Cuál es tu peor miedo? ¿Ya lo conoces?

Si hay algo que nos haga humanos es lo propensos que somos a tener miedo, y es de hecho natural que nos sintamos así en diferentes momentos y circunstancias de nuestra vida, sin embargo a diferencia de otras especies, que convierten su miedo en una forma de defensa o en una ventaja para poder subsistir y seguir adelante, nosotros parecemos preferir siempre elegir quedarnos estáticos ante el miedo, y por consiguiente ante la vida misma, como si en vez de ser presa de nuestros miedos nos convirtiéramos en tributo a ellos.

Como si el miedo raptara de manera perversa nuestro sentido común para doblegarnos y llevarnos a hacer o vivir lo contrario de lo que deseamos. Lo curioso es que cada uno de los miedos que tenemos tiene en sí una explicación o, mejor, un simbolismo implícito que nos conduce a entender mejor muchas cosas de nuestra propia vida y terminan siendo nuestros miedos un arma de doble filo, que bien nos pueden atormentar y hacer la vida a cuadritos, o enseñarnos cuál es la lección que debemos realmente afrontar.

Y si los miedos en verdad son lecciones, ¿por qué esperar a que la vida y su tiempo se agoten y nos lleven al límite para aprender nuestra lección?

Todo este tiempo nos hemos dejado limitar por nuestros propios miedos: miedo a ser traicionados, a estar solos, miedo al cambio, a morir “antes de tiempo”, a no estar a la altura de determinada circunstancia, a ser rechazados… miedo a descubrirnos a nosotros mismos y a enfrentar las –maravillosas– consecuencias que esto traiga. Pero alguna vez te has preguntado ¿qué harías de este día, de tu vida entera, si no tuvieras ya más miedo a partir de hoy?

No es que debamos eliminar por completo nuestros miedos, ya que estos de alguna manera también pueden resultar importantes a la hora de avanzar, por ejemplo: el miedo en determinada circunstancia de peligro nos puede ayudar a ser mas precavidos; pero sí debemos entender que somos más fuertes que toda circunstancia que tengamos al frente para no dejarnos paralizar por ese miedo, no dejar que la rutina, la pereza, el tedio, la ansiedad o el susto nos jueguen una mala pasada haciendo que nos perdamos de lo que pudo haber sido y por culpa nuestra no fue o será.

Nadie en el mundo puede estar preparado para todo tipo de eventualidad, y claramente no podemos elegir muchas de las circunstancias que debemos vivir, pero siempre podremos elegir cómo reaccionar ante dichas circunstancias, siempre podremos elegir mirar nuestro miedo de frente y decidir si nos quedaremos inmóviles ante la vida, o si tomaremos las riendas para demostrarnos a nosotros mismos que nuestro inevitable destino, siempre que decidamos aceptarlo y asumirlo, es la felicidad.

 

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