Perdón

Por: Zalman Ben-Chaim [email protected] Koach personal y empresarial. Conferencista, autor, radio host y panelista en LunaBLU de BLURadio

Por Zalman Ben-Chaim

No hay juez más severo que nosotros mismos, incluso a tal extremo que nos dedicamos a juzgarnos, atacarnos y disminuirnos, pero se nos olvida felicitarnos o reconocer nuestras virtudes. Pero si pensamos en qué tan buenos jueces somos vendría bien hacernos este par de preguntas: ¿a quién le debo pedir perdón?, ¿a quién debo perdonar?

En esta época, para la tradición judía se celebra un día muy especial llamado Iom Kippur, el día del perdón, en el que las personas, por espacio de algo más de un día, entran en total ayuno y oración para pedir perdón al cielo por sus fallas y con esto permitir ser bendecidos con buenos decretos. Sin embargo el perdón desde el judaísmo debe ser primero pedido y dado a las personas con que nos rodeamos, para luego si pedirle perdón al cielo, es decir que aquello del que peca y reza empata no aplica para esta concepción.

Lo cual me parece tremendamente sensato y justo, ya que muchas veces por no hacer un alto en el camino y reconocer nuestras propias fallas terminamos por repetir una y otra vez errores que a la larga a los primeros que hacen daño es a quienes mas nos quieren; o por el contrario, nos quedamos cargando ese pesado lastre que es el orgullo y el rencor para no perdonar a nadie y con el tiempo lo único que logramos es envenenarnos a nosotros mismos.

El perdón (sea que lo pidas o lo des) es una acción liberadora que nos permite sanar lo más profundo de nosotros para poder vivir mas livianos y en paz, es un gesto de generosidad no para con otros, sino para con nosotros mismos, garantizándonos un mejor presente, sin dolores o rencores. Es también un acto de reconocimiento y de humildad, porque todos hemos cometido errores y seguramente los seguiremos cometiendo, lo importante es que no sea el mismo error.

Pero también es importante aclarar que el perdón debe ser activo, es decir, debe ser algo que nos libere de la tristeza o la negatividad del mal momento, pero también que nos permita tomar acciones para no repetir el mismo error y no andar de perdón tras perdón, ya que una disculpa no es un salvoconducto para seguir cometiendo la misma clase de tonterías. A lo que me refiero con que el perdón debe ser activo es que debe llevar a una acción para que podamos establecer las medidas que nos permitan evitar pasar por una mala situación; o que nos lleve a corregirnos para no tener que volver a pedir perdón por la misma situación.

La vida está diseñada para que podamos ser felices, y una de las principales herramientas para lograrlo es no cargar el peso del dolor que ya sucedió o del orgullo que no nos permite avanzar. Perdonar y pedir perdón es un acto casi que heroico en algunos casos, pero cada vez que lo hacemos estamos venciendo a nuestro orgullo, sobreponiéndonos al dolor y haciéndonos mejores personas. Así que aprovecha este momento y hazte estas sencillas preguntas: ¿a quién le debo pedir perdón?, ¿a quién debo perdonar?… y empieza por ti.

¡Feliz semana!

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.

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