Complejo Bochica

Por: Andrés Ospina. Escritor y realizador de radio/ @elblogotazo

Por ANDRÉS OSPINA

¿Recuerdan febrero de 2012, cuando cierto diario caribeño anunció que William Henry Gates III –Bill Gates, para los despistados– andaba visitando Medellín, de incógnito? Hubo quienes aseguraron haberlo visto una noche, hacia las ocho, como un cliente más del restaurante Carmen, en compañía del empresario Jaime López.

Algunos comensales incurrieron en el folclorismo de solicitar autorización al involucrado para dispararse selfies en su compañía, con la intención ulterior de enrostrárselas a sus novias, mancebos, esposos, madres o hijos, o quizás a algún miembro de la fuerza pública, acompañadas de un muy intimidante “usted no sabe quién soy yo”.

Confusiones típicamente nuestras: el tal Gates resultó ser un canadiense de discutibles semejanzas con su supuesto doble. Experiencias similares abundan en Colombia y acaso tengan en el episodio indigenista de Bochica su llamado ‘mito fundacional’.

Cuenta la tradición muisca deformada en textos escolares que a esta altiplanicie, antes habitada por salvajes, llegó vía celestial y desde otras tierras un anciano de barbas rubias y ojos azules –nótese la diferencia con el fenotipo autóctono– quien tras haber sido acogido como mentor por las muchedumbres, les enseñó todo cuanto debían saber en materia agrícola, de orfebrería, religiosa y hasta legislativa. Luego, dicho profeta marchó hacia el arco iris, al lugar de donde venía, y se hizo Dios.

A esa veneración por lo foráneo acostumbro llamarla ‘complejo Bochica’, una patología en la que la fascinación y la hospitalidad colindan con el delirio y la idolatría. Aquí ejemplos: así como muchos aseveran haber divisado una Virgen en tamales, hay quienes reportan avistamientos milagrosos de Elvis en la 26, de Hitler en Firavitoba o de Noel Gallagher en In Vitro. Por eso algunos albergan paños transpirados por Mick Jagger, Marlon Brando o Charlie Sheen cuando anduvieron en Cartagena.

Con falsas, ciertas o no comprobadas visitas hemos estado obsesionados siempre y nos sobran huéspedes que nunca vinieron, entre los que resalta el virrey Ezpeleta, a quien al finalizar el siglo XVIII le hicieron palacete en Cartago, lugar donde este nunca llegó. Mucho de nuestro folclorismo a tal respecto ha sido retratado en piezas tipo El embajador de la India, maravilloso retrato de lo que somos, similar a El inspector, de Gogol; en ciertos capítulos de Don Chinche y hasta en Dejémonos de vainas, donde John Millhouse Clemens era soberano.

Pienso ello y se me estalla el reciente recuerdo de un impostor, abogado y estrella del pop flamenco, venido de España, como Ezpeleta, de nombre real Miguel José García Orellana y profesional ‘Miguel Garó’, que hasta hace unos días convenció a media Cali de sus patrañas y hasta desposó y se divorció de varias nativas, quienes terminaron demandándolo por estafa, daño a bien ajeno, amenazas, injuria y otras proezas dignas de hacerles serie, telenovela o ‘docu-reality’… A eso sumémosle dos circulares rojas de Interpol y denuncias de exmanejadores, maestros de canto, productores y demás. ¡Los canales ya deben andar negociando derechos de adaptación!

Incluso nosotros –un pueblo tan orgulloso de desconfiar tanto– seguimos sucumbiendo al hechizo del forastero. Nada extraño tiene, entonces, tan faraónico despliegue noticioso alrededor de la visita de Thomas Cruise Mapother IV –Tom Cruise, para los mismos desinformados del principio– a la Capital de la Montaña, una muestra más de que el ancestral complejo Bochica sigue latente, sin cura.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

MÁS OPINIÓN AQUÍ

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo