La fila del banco

Por: Zalman Ben-Chaim zalman@zalman5k.com. Koach personal y empresarial. Conferencista, autor, radio host y panelista en LunaBLU de BLURadio

Por Zalman Ben-Chaim

Seguramente hay muchos lugares y situaciones que pueden llegar a retar nuestra paciencia, pero uno que se pelea con gran fuerza el primer lugar es el banco, más específicamente la fila del banco.

Nunca me ha quedado claro el oscuro motivo que se esconde tras el diseño arquitectónico de los bancos en Colombia, que normalmente tratan de tener una zona de cajas bastante amplias pero al final solo hay dos o tres (de tal vez 10) habilitadas, como si fuera una manera cruel de torturarnos cuando entramos allí. Sin embargo, cuando traté de pensarlo desde otro punto de vista (y sí, a veces uno tiene demasiado tiempo en la fila de un banco) el mensaje parecía ser diferente: el tiempo es dinero, y si estamos por decisión del banco perdiendo tiempo estando allí, en una fila eterna, en el lugar que se supone cuida y trabaja con nuestro dinero, lo que nos están diciendo descaradamente es que ¡ese dinero es ellos y, asimismo, nuestro tiempo!; es decir, ¡nuestro tiempo jamás ha sido nuestro!

Pero entonces, si jamás ha sido nuestro, ¿en dónde está o de quién es?

Siguiendo con la analogía, el tiempo es de aquello en que lo invertimos o gastamos, la diferencia está que al gastar no tenemos ninguna ganancia, solo lo sacamos del sistema y aun cuando para ciertos momentos sea necesario esto, claramente no es recomendable pasar la vida gastando y gastando sin ningún propósito ya que claramente en algún momento el recurso se va a agotar. Por otro lado, cuando lo invertimos, lo que estamos haciendo es proyectar cómo nuestras acciones del presente van a rendir frutos en un futuro, cómo gracias a eso que hacemos hoy vamos a tener recompensa, utilidad o ganancia en nuestra vida en el instante siguiente.

Puede que el tiempo no sea realmente nuestro, pero eso no importa, ya que tenemos un rol aun mucho más importante al tener el poder y la decisión última de cómo va a ser usado ese tiempo. Al final, no importa ser el dueño del barco sino saberlo navegar.

Nuestras decisiones marcan el rumbo de nuestras acciones y, a su vez, definen nuestro entorno. No es cierto que estamos atados a una historia que no puede ser cambiada. Todo, absolutamente todo en la vida, está sujeto a cambios, a movimientos, y no necesitamos entender todo lo que pasa, pero sí aprender de ello.

Por eso, cuando pensamos en el tiempo y cómo usamos nuestra vida, la decisión se reduce a dos sencillas posibilidades: o gastamos nuestro tiempo sobreviviendo, o lo invertimos viviendo. Claramente no es una decisión fácil de tomar porque implica enfrentarnos contra todo lo que nos ha resultado conocido y cómodo, todo aquello que nos resulta grato y seguro para lanzarnos en la aventura de descubrir nuevos límites para nuestra vida, de explorar nuevos horizontes que nos lleven cada vez más lejos, pero lo que sí resulta seguro es que la recompensa siempre será mayor que la de simplemente gastar, para, al final, no tener nada que recordar.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.

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