Este reino de desmemorias

Por: Andrés Ospina. Escritor y realizador de radio/ @elblogotazo

Por ANDRÉS OSPINA

En ocasiones me conduelo de mi pobre nación… amnésica y con tan cortas miras históricas. De habitar este reino de desmemorias, terquedades y reincidencias en el error. De corroborar cuánto nos desconocemos y lo empañado que tenemos el retrovisor. De ver a quiénes reelegimos y observar incrédulo a aquellos que aún tenemos por héroes y prohombres en ámbitos varios, cuando deberían ser justo lo inverso. De denunciar –cual si fuera ritual patriótico o tradición cultural– la eterna imprecisión cronológica y las repeticiones en dicha torpeza.

Entristece contemplar nuestro innato desinterés hacia el pasado y la consecuente ausencia de referentes que nos permitan divisarlo en perspectiva. Debido a ello una vasta muchedumbre de desinformados y un sector mayoritario de la prensa aún sostiene que nuestro cine comenzó con La estrategia del caracol, y no muestran miramiento alguno a la hora de afirmar que el rock hecho en estas latitudes surgió con el Concierto de Conciertos, o –todavía peor– con los festivales Al Parque, como si no hubiera Ancón, Young Beats, Ámpex, Speakers, Yetis o Flippers… y la lista seguiría.

Para comprobarlo les propongo revisar aquellos listados insuficientes tipo Terra –tan comunes en ámbitos digitales– de las ‘cinco mejores películas en la historia de Colombia’ o de ‘los cinco álbumes más representativos’ para encontrarnos con que todos los largometrajes o discos referenciados son de acuñamiento posterior a 1990, cual si nada tuviéramos con antelación a tan reciente data y como si no existieran piezas maestras de eras pretéritas, con títulos estilo El río de las tumbas, La gran feria, En el maravilloso mundo de Ingeson o Pasado el meridiano. Ahí está Google para enterarse y YouTube para ver y oír. Intenten buscar registros filmográficos del fútbol local en tiempos de El Dorado o de las primeras gestas ciclísticas… ¡Todos borrados por manos… no sé si descuidadas o infames!

Lo anterior en el ámbito del entretenimiento. Pero en lo concerniente a terrenos de relevancia aún más generalizada, el panorama también se adivina nebuloso. De ahí que tendamos a mirar la violencia no como el hecho sistémico y endémico que es, sino como una sucesión de enemigos que van cambiando y ante los que vamos haciendo olvidos selectivos.

Hace 25 años el malvado de turno era Pablo Escobar. Hace 35, el M-19. En los cincuenta, los pájaros y chulavitas, y una sucesión de insurrectos entre los que se cuentan Sangrenegra, Efraín González, Guadalupe Salcedo, nombres hoy casi eliminados de los archivos de un Estado convencido de que ‘la violencia’ fue cosa previa Frente Nacional, cual si no hubiese habido Guerra de los Mil Días y un interminable hilo de sangre contaminándonos el currículo desde siempre. Durante 1997 le achacaban todas las cuitas económicas de la temporada a un tal proceso 8000. Por ello, también, hay quienes piensan que el metro ha sido preocupación desde los noventa o quienes aseguran que el tranvía se acabó con el 9 de abril.

Quisiera finalizar estas líneas con frases esperanzadoras, pero lo cierto es que, en aras de la justicia, debo hacerlo con un reclamo… ¿A quién, ante un paisaje tan lamentable como el ya expuesto, pudo ocurrírsele la soberanísima estupidez de retirar las clases de historia del clásico pénsum escolar nacional hace casi dos décadas? ¡Lamentable!

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

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