¡Permítame que te tutee!

Por: Andrés Ospina. Escritor y realizador de radio/ @elblogotazo

Por ANDRÉS OSPINA

Por principio trato a todos –conocidos, extraños, hombres, mujeres y sus derivados– de ‘tú’. Lo encuentro amigable. Resta al entorno algo de esa tosquedad desconfiada que nos caracteriza, envolviéndolo en una suerte de calidez, si bien posiblemente falsa, noble en su intención.

Tal costumbre –usual en el Caribe– pareciera exótica en Bogotá. Por alguna preconcepción de procedencia no resuelta, muchos compatriotas imputan cargos de afeminamiento y sodomía a quienes –pese a nuestra confesa heterosexualidad– empleamos dicha fórmula entre caballeros. Algo así como una discriminación de género, patentizada en palabras. El uso de pronombres en estas tierras tiene sus convenciones, tan peculiares como arbitrarias. Y el asunto se complica…

En el occidente, gran Cauca, Antioquia y antiguo Caldas, está el comodín del voseo, simpático cuando suena natural, pero muy afectado al venir de bogotanos. Si no me creen, diríjanse a El Campín y oigan a barristas acompañando sus cánticos con sus impostados: “¡Vamoh, Mishos! ¡Voh sabéh que te quiero, Miiishos!”, cual si vitorearan a albicelestes y no a albiazules.

Espantoso un cachaco raizal con complejo de porteño-paisa-vallecaucano intentando tratar a sus congéneres de ‘vos’ en frases tipo “vos sabes que puedes” o en cuestionamientos formulados, acaso con propósitos amigables, pero con pésima fortuna, estilo “¿vos prefieres ajiaco?”. Señor aprendiz de voseador: sería “vos sabés que podés” y “vos preferís”. Fácil. ¿No? Lo digo yo, que crecí oyendo a mis ancestros voseando con quindianísima propiedad y que por el sumo respeto que dicha tradición me despierta intento contenerme de semejante profanación.

En otras consideraciones, no me pregunten por qué –ello le competería a mi psicoanalista– pero se me antoja intimidante y violenta la actitud de aquellas damas que no me tutean, bien sea por su condición de amazonas agrestes o por alguna creencia de orden libertario en cuanto a lo que el ‘tú’ encierra. Cosa paradójica, para otros el ‘usted’ tiende a manifestar mayor familiaridad entre individuos, en particular si pertenecen a un mismo clan.

De ahí que por estos andurriales sean muchos los hermanos que se traten así, cual si ello evidenciara proximidad entre estos. En contraste, cada vez son menos los esposos que lo hacen, un hábito que la posmodernidad ha ido relegando al rincón del desuso. La convención televisivo-radial, por su parte, dictamina el ‘ustedeo’ como clásica norma periodística, cosa lógica en algunos casos. Imagínense a un reportero inquiriéndole a Timochenko: “¿Tú qué opinas de la justicia transicional y el escalamiento?”.

En los Santanderes y el gran Tolima aún prevalece un apego, casi congénito y algo rudo, al empleo del ‘usted’ –pronunciado ‘usté’, a lo colombiano– y a la supresión del ‘tú’. En la altiplanicie cundiboyacense y entre hipsters posmodernos pervive el ‘sumercé’, término que de hecho me permitiría emplear como el orgulloso hijo de Cuchipe que soy, si no fuera porque ello me remite a la fealdad –tan típica– de omitir la consonante final y porque en algún momento tal expresión fue grito de batalla para el ‘chocoalternismo’ de Andrea Echeverri. Mucho más elegante… un correcto ‘su merceD’, con su dejo de arcaísmo hispánico americanizado.

Como siempre ocurre, las especulaciones y conceptos son muchos y estas 539 palabras, pocas… Cierro con un interrogante ecléctico y personalizado… “¿A sumercé –o a ‘vos’– cómo le gusta que te digan?”.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

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