A los bogotanos, la cultura ciudadana nos quedó gustando

Antanas Mockus

Por Antanas Mockus

Bogotá está en crisis. Por fortuna ya pronto vienen las elecciones. ¿Qué hay que hacer?, ¿cómo evitar los enormes costos de aprendizaje en que hemos incurrido en los últimos 11 años? Se necesita actuar colectivamente, con coordinación y especialización. Hay mucha gente que está esperando la señal.

Movilidad, seguridad y convivencia requieren indudablemente planeación, gestión, inversión y evaluación. Sin embargo, todos estos esfuerzos se pierden si no son correspondidos por la ciudadanía con cooperación. Para que el transporte funcione, para vencer el miedo, para que la convivencia fluya, se necesita confianza y respeto entre desconocidos. En resumen, reactivar la cultura ciudadana.

Mucha gente dice que la crisis se debe a carencias o retrocesos en materia de cultura ciudadana. Lo mismo pienso yo. Me preguntan, con generosa confianza, ¿por quién votar?, ¿por cuál candidato a alcalde?, ¿por cuál candidato a Concejo? Yo les respondo: por quien sea capaz y quiera darle un nuevo impulso a la cultura ciudadana.

La elección del Concejo es tan importante como la del alcalde. Normalmente los ciudadanos nos sentimos representados exclusivamente por el alcalde, y olvidamos que tenemos otros representantes: concejales y ediles. Un estudio de Cultura Electoral de Corpovisionarios reveló que solo el 6% de los votantes recuerda por quién votó al Concejo y el 4% sabe si su candidato salió elegido.

Aunque el alcalde y su equipo tienen facultades muy amplias, la Constitución ha querido proteger a la ciudadanía estableciendo un Concejo popularmente elegido, con la misión de supervisar y eventualmente impedir errores graves de la administración.

Bogotá escogerá 45 concejales el 25 de octubre. ¿Cuántos de ellos deben llegar al Concejo por su experiencia y compromiso con la cultura ciudadana? Por lo pronto les tengo a los lectores dos nombres: Diego Cancino y Jorge Torres. Se presentan por el Partido Alianza Verde para ir al Concejo de Bogotá. Ambos han estado muy cerca de mí durante los últimos diez años. Podría decir que están entre mis mejores discípulos. Estoy seguro de que si son elegidos al Concejo buscarán aprovechar con mucha imaginación el enfoque de cultura ciudadana en bien de la ciudad.

El mayor orgullo de Jorge Torres es haber contribuido a dignificar la política a través de acciones de cultura ciudadana. Quienes han trabajado con él lo describen como una persona con la capacidad de liderazgo para hacer que las cosas pasen. Es un hombre perseverante, buen delantero, un buen ejecutor. Ha sido motor del movimiento visionarios y un coequipero que ayudó a hacer realidad algunos de mis sueños. Recientemente participó en la organización de la Marcha por la Vida.

Luchará para que la cultura ciudadana se incluya en el plan de desarrollo, con un presupuesto proporcional al terreno perdido y a los nuevos desafíos. Presentará Proyectos de Acuerdo para institucionalizarla y promoverla. Sus debates de control político se centrarán en identificar problemas de la ciudad que podrían solucionarse vía educación ciudadana. Su lógica de trabajo es: conocer los problemas directamente, escuchar las soluciones de la gente, ejemplificar acciones que podría desarrollar la administración y rendirle cuentas a la ciudadanía.

Diego Cancino es un educador que nos va a devolver la cultura ciudadana desde el Concejo de Bogotá y que construye a partir de la voz de la gente. Bogotá, dice él, merece que la volvamos a querer y que reconstruyamos la confianza, que sintamos ese orgullo que sentíamos hace unos años por esta ciudad. ¿Cómo hacerlo? Recuperando la cultura ciudadana.

Diego, ‘el Man de la Cámara’, recorre la ciudad con una cámara que aprende a escuchar, dar voz y, así, transformar realidades. Además registra escenas de la Bogotá posible, la Bogotá capaz de inspirar confianza. La cámara y la ciudadanía juntas garantizarán transparencia, ¡acá no habrá guardados!

Anda desde ya ensayando acciones que ilustran lo que será su trabajo en el Concejo: I. Debe aumentarse la calidad educativa vía formación de docentes, animar a los estudiantes a exigir más calidad, a reconocer distintas maneras de evaluar la calidad y el Estado debe institucionalizar y priorizar los programas de formación permanentes para docentes. II. Promover y apoyar programas y acciones colectivas para compartir el carro como alternativa de transporte que permita ahorrar tiempo y confiar entre desconocidos. III. Control político para que los recursos públicos sean recursos sagrados, como ya lo hizo acompañando a la congresista Ángela María Robledo. IV. En seguridad, pasemos del miedo a la confianza, tomándonos los parques y el espacio público para la cultura. V. El presupuesto de la ciudad debe garantizar recursos para la cultura ciudadana como política de ciudad y no de gobierno y, a su vez, incluir presupuesto destinado a la creatividad y el arte para la paz.

La Cámara, como el Concejo, serán una herramienta de cultura ciudadana y un parlante para darle voz a la gente.

Invitamos a otros aspirantes a Concejos del país que quieran sumarse a estas apuestas a desarrollar acciones y propuestas que permitan hacer de la cultura ciudadana un cimiento para la paz.

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