Alcides, Obdulio y Moacir

Por: Nicolás Samper C. / @udsnoexisten

Por Publimetro Colombia

Ese puntazo imperfecto que le dio el wing derecho al balón debió ser el gol que más historias desató en el fútbol moderno.

Porque ese balón que cruzó la línea de sentencia –nunca mejor dicho eso de sentencia– expuso por encima de la mesa las miserias y las dichas. Esa bola de gajos que se metió en el primer palo generó luz y sombra a la vez, porque algunos que decidieron dejarse llevar por el dolor empezaron a quitarse la vida ante la tristeza de verse vencidos aunque tenían todo para ganarlo. Y porque los que estaban listos para irse tristes, terminaron celebrando un rato, pero también contagiados por el dolor de ver a un país demolido ante sus pies.

Por eso Obdulio Varela se fue a recorrer de incógnito –de la misma forma que le entregaron la Jules Rimet en una maleta, sin papelitos picados ni ceremonia de clausura en medio de un Maracaná profanado– uno que otro bar ese 16 de julio de 1950 para darse cuenta de que su felicidad era la miseria de los demás. El capitán uruguayo se quedó tomando algunos tragos con fanáticos desencantados con la vida y con la derrota y lloró con ellos. Tal vez por esa razón, por entender que su sentimiento de regocijo era impúdico y egoísta ante tanta tragedia que lo rodeaba, decidió nunca jamás hablar de aquel partido.

Y ese juego también mandó al infierno al buen Moacir Barbosa. Nadie nunca fue capaz de perdonarle no haber atajado aquel puntazo. Luego del 16 de julio de 1950 nadie le pedía autógrafos. Los brasileños creen que la mala suerte se prende como la lepra y eso fue Moacir Barbosa: un leproso al que hicieron a un lado con asco, tanto que antes de un Brasil-Uruguay de las eliminatorias USA 94 fue sacado a patadas de la concentración de la ‘verdeamarela’ cuando se acercó a saludar a Dunga, Romario, Bebeto y a los otros muchachos. Su presencia podría hacerles perder el juego ante los charrúas. A pesar de las atajadas de Siboldi, Brasil ganó 2-0 y entró al Mundial gringo que después fue también suyo. Los directivos celebraban como propia esa victoria por penales ante Italia porque, de haber dejado entrar a Barbosa, según ellos y su estupidez, ni siquiera habrían clasificado. El arquero murió pobre y solo en el 2000. Aunque decir que estaba solo es una obviedad: llevaba 52 años sin que nadie quisiera estar a su lado.

Ese gol trágico también gestó a un campeón. Cuando Dondinho llegó llorando a la casa luego de ese 16 de julio de 1950, su hijo de 10 años le prometió llevarle un Mundial a su casa para curar sus heridas. Cumplió su promesa por triplicado: Edson le brindó la Copa del Mundo en 1958, 1962 y 1970.

La historia terminó cerrándose justo 65 años después de que la pelota brincona dejaba mudo al Maracaná. Mientras veía Inter-Tigres, el wing que con su anotación hizo del Maracanazo el más largo cuento de fútbol en la historia, dejó de existir. Es que Alcides Ghiggia no habría podido morir en una fecha distinta al 16 de julio.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

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