El pequeño laberinto

Por: Eduardo Arias @Ariasvilla Escritor y periodista

Por Eduardo Arias

Comenzaban los años sesenta y el límite norte de la ciudad urbanizada era el Primer Puente (dato para las nuevas generaciones: el Primer Puente era uno diminuto, de apenas dos carriles de ancho, que atravesaba  la Autopista Norte a la altura de la calle 100). En aquellos años comenzaron a urbanizarse los lotes aledaños, y en el costado noroccidental de ese cruce de vías nacieron los barrios de Santa Margarita y Pasadena.

Los urbanistas de aquel entonces eran bastante amigos de las zonas verdes y de construir vías cerradas, lo que aseguraba aún más la tranquilidad de barrios destinados a ser residenciales y que nacieron en una época en que tener carro era un verdadero lujo.

Hoy día muchos de esos barrios se han vuelto comerciales y de oficinas, y los conductores que los transitan maldicen las vías cerradas que generan trancones y obligan a dar vueltas muy largas para llegar al destino deseado. Pero quienes andamos por ahí a pata disfrutamos, y mucho, estos gratos laberintos de zonas verdes que se comunican y que permiten avanzar varias cuadras sin dejar de caminar por una zona verde.

En Santa Margarita aún es posible (odio la expresión) “vivir la experiencia” de desplazarse varias cuadras entre árboles y senderos para peatones. Un ejemplo es el recorrido que se inicia en la carrera 47, una cuadra al norte de la calle 100. La 47 es la carrera que está a la altura del puente peatonal que desemboca en el supermercado Olímpica. En la calle 101A aparece el primer parque, que está conectado con una plazoleta que termina en la calle 102A. Diagonal, hacia el occidente, está el siguiente parque, que de nuevo comunica con otra plazoleta. Luego se sigue en dirección noroeste y así sucesivamente van apareciendo sucesiones de parques y plazoletas que terminan en la calle 105. Aunque se va de la 101 a la 105, en total se recorren 11 cuadras seguidas de parques y plazoletas, ya que existen varias calles A, B y hasta C.

Pero estos no son los únicos parques y plazoletas de Santa Margarita. Se pueden encontrar rutas alternas que comunican algunos de los parques de este trayecto con otros más que se encuentran a ambos lados de este recorrido, lo que aumentaría en otras siete cuadras el total de la caminata. El recorrido permite apreciar un barrio de clase media acomodada que se ha mantenido bastante homogéneo en su medio siglo de vida. Un barrio de casas casi todas austeras y sencillas.

Es muy probable que pronto comiencen a caer estas casas. Santa Margarita está muy cerca del sector del costado oriental de la Autopista, donde los edificios de oficinas comienzan a multiplicarse. ¿Qué pasará cuando aparezcan edificios de cinco o siete pisos? No es fácil decirlo. De todas maneras, este laberinto de parques y plazoletas invita a pensar que Santa Margarita seguirá siendo un barrio amable para quienes vivan o trabajen allí.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

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