Ojalá algún día

Por camila chaín

Cada que salgo de Colombia me lleno de nostalgia por muchas razones. Algunas son buenas; las otras producen, más allá de la nostalgia, frustración. Las buenas tienen que ver con nuestras costumbres, nuestros paisajes y, sobre todo, nuestra gastronomía, porque no conozco al primer compatriota que, después de probar los exquisitos sabores de la comida de otros países y continentes, no extrañe los platos típicos colombianos.

Es más, confieso que, después de algunos días lejos de casa, soy de esas que van a un supermercado a buscar los ingredientes de nuestras recetas típicas para comer y repetir, desde ajiaco hasta sudado de pollo. Me voy desesperando, es como una clase de síndrome de abstinencia y he llegado al extremo de querer regresar antes de tiempo, solo por cuenta de la comida.

Pero estoy en Barcelona, una de las ciudades más completas del mundo. Lo tiene todo: mar, arquitectura, historia, industria, turismo y es, de lejos, ejemplo de movilidad. En esta ciudad nos podemos mover caminado, en bicicleta, tranvía, bus, metro, tren, moto, carro y de manera eficiente. Sus carreteras, ciclovías, rieles, todo está en perfecto estado. Hay tanta armonía que uno simplemente quisiera tener una varita mágica, llegar a Colombia y pensar que todo puede ser igual.

A veces me detengo a pensar qué sentiría si viviera aquí y creo que hasta me gustaría pagar más impuestos de los que me correspondería, y es que a quién no al ver el entorno. Sí, imagino que nada es perfecto y que no todos están satisfechos, pero definitivamente esto es otro mundo.

Yo sé que en un contexto ideal ningún colombiano quisiera vivir por fuera del paraíso natural que nos vio nacer, pero se han robado todo, todo lo que se supone deben invertir para el bienestar de la población, que no queda más remedio que emigrar.

Mientras seguimos esperando sentados a que se acabe la corrupción y que los culpables de nuestra desgracia se pudran en la cárcel, viajamos a otros países para sentirnos realmente desgraciados. Me da pena ajena la cara de asombro que pongo al ver algo que para todos es tan común, le tomo fotos a todo, como si viviera en la selva y jamás hubiera tenido contacto con la civilización.

Definitivamente estamos aún muy lejos del verdadero desarrollo. Nos sigue cautivando el olor que sale de nuestras cocinas, el trato y la sonrisa sincera que recibimos de la gente del común, nuestra geografía, el amor por ‘la Tricolor’, porque si fuera por la administración de los impuestos que pagamos, todos tendríamos que hacer la maleta y comprar un tiquete sin regreso.

Espero que esto cambie algún día… algún día. ¡¡¡Feliz fin de semana!!!OJALÁ ALGÚN
 DÍA

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo