Todo sea por el fútbol

Por: Adolfo Zableh Durán/ @azableh

Por Adolfo Zableh Durán

Su nombre oficial es Autopista al Llano, pero casi nadie la llama así porque su realidad no corresponde a la de una carretera que, pese a las mejoras recientes, dista mucho de ser una ruta rápida. Vía al Llano es su nombre más común, y aunque la foto del trancón diga lo contrario, la última vez que la tomé no me fue mal.

El lunes festivo salí de Villavicencio a las 5:15 de la tarde, y a las 8:00 de la noche ya estaba entrando no a Bogotá, sino a mi casa. Quien haya tomado esta ruta en un puente festivo entiende la rareza del hecho. Vaya uno a saber si el milagro se debió a la hora de salida, o al contraflujo que opera de 3:00 de la tarde a 8:00 de la noche los días festivos, o al complejo de cinco puentes y once túneles que acaban de entregar, o al tramo de doce kilómetros de doble calzada que ya opera y que se espera que sea ampliado en su totalidad en 2017. El punto es que la Vía al Llano hace parte de ese complejo de carreteras que conectan a Bogotá con el resto del país y que son poco menos que precarias, como la Ruta del Sol, diga usted. Apenas ahora, y a ritmo colombiano, las están modernizando.

En el camino que conecta a la capital del país con la del Meta se ha visto de todo a través de los años: terremotos y derrumbes, inundaciones, protestas y derrames de gasolina, todos hechos que han forzado al cierre del camino una y otra vez. Para que el viaje rinda, no basta con ser un buen conductor, tener el carro en perfectas condiciones y madrugar; el factor suerte es determinante para que el tiempo rinda.

Por eso me sentí afortunado con las dos horas y 45 minutos del pasado lunes; hay gente que para cubrir los 90 kilómetros que separan las dos ciudades se ha tardado ocho horas, incluso diez. Eso, y que llegué con vida. El pasado abril, diez personas murieron y quince más quedaron heridas en un choque luego de que una tractomula se quedara sin frenos. Y aunque dicho accidente sonó en toda la prensa por la cantidad de gente involucrada, cada tanto ocurre un hecho que lamentar.

Por eso digo que me fue bien pese a la foto. La verdad es que es una imagen de un viaje anterior. Esperaba tomar una foto del trancón, pero nunca hubo uno. Eso sí, lo mejor es no tentar a la suerte y no usar la vía en Semana Santa ni en el Mundial de Coleo (octubre), fechas en las que todo colapsa.

La gente se queja de lo costoso e incómodo que es andar por carretera en Colombia, y tiene razón. Si usted viaja en automóvil de Bogotá a Villavicencio, prepárese para pagar 32.000 pesos en tres peajes, uno cada 30 kilómetros en promedio. Es escandaloso, nadie lo niega, la pregunta es si no los valen cuando se alcanza a ver desde la comodidad de la cama el segundo tiempo de ese partidazo de Copa América que se jugaron hace dos días Chile y México.

 

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.

 

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