Actriz porno: una gran puta

Por: Mar Candela, ideóloga Feminismo Artesanal.

Natalia García

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Soy admiradora absoluta de la personalidad y el carácter de Esperanza Gómez, la actriz porno Colombiana más reconocida y mejor paga.

Si bien en una película porno producida profesionalmente las mujeres tienen que actuar y ¡mucho! lo cierto es que el sexo es real y que la actriz porno vende sexo al público, y eso no es algo que considero reprobable. Creo firmemente en el derecho de cada mujer a decidir las razones por las cuales ejerce su sexualidad y eso incluye ejercerla como trabajo.

Me preocupa que se considere que una actriz porno no es prostituta, porque simplemente sigue clasificando a las mujeres que ejercen este trabajo por el dinero que reciben y el lugar donde se desempeñan. Así se perpetúa el clasismo que tanto daño le hace a los derechos humanos de las prostitutas.

Hablaré claro sin ningún deseo de señalar a Esperanza y, reitero, admiro profundamente su desparpajo para defender la mujer que ha decidido ser y aplaudo su libertad.

En diversas entrevistas ha afirmado que ella no actúa cuando tiene sexo y que lo hace “de verdad”. Creo firmemente que nadie puede ser actriz porno si no tiene sexo real aunque finja o interprete algún personaje o los orgasmos. Aunque exagere en su “cara de sexo” todas las mujeres que hacen pornografía tienen sexo real así sea personificando a una mujer en otra realidad.

He estado esculcando las afirmaciones que ha hecho Esperanza en varias ocasiones a lo largo de su triunfadora carrera como actriz porno donde deja claro que ella tiene sexo por placer pero también por dinero. Donde se reconoce como dadora y receptora de placer.

Comparto un par de las frases que más me han agradado:

“La industria porno me pareció un mundo interesante por descubrir, además que es un trabajo que genera muy buenos recursos monetarios. O sea, me pagan por sentir y dar placer”. “

“Yo tengo como regla de oro no actuar, no fingir, no parecerme a nada ni a nadie; simplemente fluir con absoluta naturalidad. Cada escena me la gozo al máximo”.

Sin embargo, haciendo estas afirmaciones una y otra vez en diferentes ocasiones de diferentes maneras ella insiste en decir que no es prostituta.

En el programa “Descárate con Azcarate” comenta que: en una ocasión un personaje reconocido nacional, el cual no reveló el nombre, le ofreció 200 millones de pesos a cambio de tener relaciones. Y afirmó que siempre ha estado firme en su decisión de jamás recibe dinero por tener sexo. Aun cuando también comentó que una actor o actriz porno con reconocimiento en el negocio puede recibir cerca de 30 mil dólares mensuales, realizando cuatro escenas a la semana.

Todas las personas tenemos derecho a nuestras propias contradicciones. Es una característica humana tener contradicciones.

Yo como abanderada de la libertad de la mujer en todos los aspectos de la vida aplaudo la capacidad que tiene Esperanza de pararse frente al mundo y ser y hacer lo que le da su gana.
Pero, en honor a todas las mujeres que ejercen la prostitución y no tienen la suerte de gozar del respeto absoluto por lo que ellas decidieron ser, no puedo dejar pasar de agache esta contradicción sin hacer una observación de fondo.

Claramente Esperanza le tiene miedo a la palabra puta como todas las mujeres porque es usada para ningunear y humillar, para señalar a las mujeres prostitutas de “las peores”.
El calificativo de puta es usado para condenar a todas las mujeres que deciden sobre como ejercer su sexualidad. Para clasificar a las mujeres en “dignas e indignas” desde el imaginario de si son o no son putas.

Es natural que Esperanza tema a esa palabra y pretenda convencerse que ella no es prostituta con el argumento débil de que no presta servicios de atención sexual personalizada y privada.

No puedo evitar sorprenderme al escuchar una y otra vez a Esperanza Gomez la actriz porno colombiana más reconocida afirmar que ella “no cobra por tener relaciones sexuales” simplemente porque ninguna actriz porno puede decir esto.

No puede una mujer ser actriz porno si no tiene sexo y esto no lo hace gratis.

A una prostituta no la hace menos prostituta el cobrar más, ni el método de trabajo, ni el tipo de cliente, ni la técnica sexual ni el hecho de poder escoger los clientes o ejercer en privado o en público.

Es prostituta toda mujer que presta atención sexual o mercantiliza de alguna manera el ejercicio de su sexualidad dice el diccionario. “Mujer que cobra por relaciones sexuales”. En ese orden de ideas toda actriz porno es una prostituta.

Una prostituta con la gran suerte de poder escoger el cliente de cobrar miles de dólares y hacerlo para un espectáculo lo cual le da la categoría de artista.

Si pudiera ver a los ojos a Esperanza Gómez le diría: mí admirada, usted es una gran puta. No hay nada malo ni bochornoso en eso. Es una puta con suerte envidiable que gana miles de dólares, es reconocida por talentosa y tratada con respeto por entretener con su sexualidad en videos. Todo está bien y no hay nada vergonzoso en ello.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

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