Darth Vader tu papá

Por: Mauricio Barrantes / @Mauriciobch

Por Mauricio Barrantes

Dicen que hay temas que se deben evitar en la mesa: religión, política y fútbol. En cuanto al cine, esta restricción parece no aplicar, por el contrario, una conversación que tenga ingredientes de ficción resulta más amena que el apague y vámonos de opinar acerca de cualquier tipo de partido. Simple, preferir el jedaísmo como religión, o a Yoda como gurú, es mucho más sano que defender al procurador Ordóñez, creerse uribista, amar a Petro, rezarle a Alá o burlarse de Millonarios por la eliminación en semifinales.

Hay mesas de mesas. Cuando se comparte con hijos y sobrinos se permite hablar de las ‘pelis’ de un Disney meloso, con princesas y dragones, y de cintas de ciencia ficción, tipo Tomorrowland, un éxito entre adolescentes que cuenta con la vendedora presencia de George Clooney y aborda la temática de un mundo sin trancones, uribes y petros. En fin, así ¿quién no quiere un poco de fantasía?

Esta película termina siendo una buena forma de distracción y entretenimiento, claro, si se acepta el trato con este tipo de ficciones. Aquí poco importan las escenas absurdas y que el bien triunfe, los sueños se cumplan y el malhechor reciba su merecido. El contrato con el espectador es que se paga la boleta por un par de horas de efectos especiales, en las que además se puedan asimilar algunas frases sacadas de libros de superación personal, que alejen el sueño y produzcan suspiros, cogidas de mano y hasta goce al paladar con la mala nutrición de las palomitas, el queso y los nachos.

Ahora, en la mesa de ‘grandes’ también se pueden tocar temas chéveres. Y no solo me refiero a opiniones pasionales sobras las supernaves que aparecen en Rápido y furioso o de los embrollos emocionales de Amores infieles, sino a la opción medio mamerta de entrar a debatir acerca de la industria cinematográfica.

Un par de vinos que acompañen la cena transforman a cualquiera en un visionario que puede opinar acerca de la situación del país y cómo a Millos lo eliminaron de la Liga y a Santa Fe de la Libertadores lo mejor es mantener la unión familiar hablando de cine. ¿Qué haría como ministro de Cultura? ¿Cómo invertiría la platica para que los sueños de los hijos, que quieren ser cineastas, no parezcan una locura y que, por el contrario, sea una opción tan rentable como la de ser contratista de la 26, crack de fútbol o político de vereda?

Para esto hay que entender las dos dimensiones de la industria cinematográfica: como arte y como negocio.

Como arte lo que hay es talento, para la muestra un botón. PUBLIMETRO hace unos días publicó en primicia el proyecto Fachadas bogotanas, que no solo deja ver las virtudes de Lizeth León para dibujar, sino que contó con el apoyo del joven realizador audiovisual Juan David Ortiz, que realizó el video de la iniciativa y es ejemplo del potencial de muchos amantes de las imágenes en movimiento.

El problema es que como negocio, la industria del cine tiene una distribución del ‘billete’ que se reparte entre las majors y deja a los realizadores locales trabajando con las uñas y dependiendo de las migajas de los fondos públicos. Por eso es que nunca debe parar el llamado que clame por más inversión en cultura, el cual no debe ser un grito al vacío, sino una solicitud perseverante hacia el Estado.

Lea también:

Falcao, James, Montoya y, ¿Acevedo?

Pongan cachos y amén

Estudie algo serio

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo