Vedettes

Por Mar Candela Castilla

Varias veces me han señalado de ‘reivindicar vedettes’. Aún no logro comprender de qué carajos me acusan cuando me lo dicen. ‘¿Qué ‘pecado’ será ese?’, me pregunto. Le doy vueltas y vueltas al tema.
¿Reivindico vedettes al no querer ‘desaparecerlas’ o ‘aniquilaras’ socialmente? ¿Por rechazar cuando pretenden ridiculizarlas? ¿Por no señalarlas de brutas, así no entiendan su realidad desde la política -o nos les interese-? ¿Será que quieren que me conceda el derecho de ‘matonearlas’ toda vez que no se reconocen como feministas? Si es así, que me sigan señalando. Moriré pensando que ninguna mujer debería ser acusada por no llenar expectativas ajenas.

Es común en el medio feminista decir que una vedette es un pedazo de carne que nutre la cosificación de las mujeres. Alguna vez, incluso, escuché que una vedette era un ‘payaso muy bien pago’. Me parece una ligereza eso de ir por ahí menospreciando a las denominadas vedettes, etiquetándolas de superficiales, brutas y materialistas. El feminismo defiende el derecho femenino a decidir y eso no sólo se limita a definir si quiero o no parir.

Creo firmemente que todas las mujeres somos putamente libres y lo repetiré mientras sea necesario. Se justifica mi grito si con él logro que algunas lo crean y lo asuman. Lo digo y lo diré como una letanía llena de fe, convencida de que es una oración milagrosa, con el poder de transformar la vida de las mujeres y desde allí, el mundo.

Muchas mujeres, por el simple hecho de que las llamadas vedettes no militan en el feminismo, descalifican a aquellas que disfrutan de ese rol. Otras las atacan por envidia –porque ya quisieran ser, como ellas, ‘un pedazo de carne’ con fama, dinero y poder–. Es ridículo tener que recordar que vedette significa estrella de un espectáculo. Ni más ni menos.

El precio para llegar a ser una vedette se paga con disciplina espartana, no sólo porque hay que mantener los estándares de belleza impuestos, sino porque hay para nutrir un saber hacer, un talento o talentos, cualesquiera que sean. ¿Quién es quién para ningunear un esfuerzo y un trabajo? ¿Quién es quién para cuestionar una elección de vida? Me niego rotundamente a permitir que, por lo menos en mi presencia, las etiqueten de brutas o las usen de payaso de turno sólo porque no son la mujer que se supone ‘tienen que ser’.

Es cierto que no es consecuente que una mujer abanderada de su libertad se venda en cuerpo y alma a los estereotipos comerciales de la belleza, porque venderse es renunciar a sí misma; sin embargo, también es cierto que cada mujer tiene derecho a hacer las renuncias que quiera, cuándo y por las razones que quiera.

Nuestro deber como feministas es informar, educar a las niñas y a las mujeres para que aprendamos a no tragar entero; es cuestionar el ‘deber ser’ que nos impone la sociedad patriarcal. Es nuestra misión confrontar al Estado y a la sociedad sobre la realidad política de las mujeres, trabajar en campañas que promuevan la inquietud femenina por experimentar roles diferentes. Pero por sobre todas las cosas, es obligación del feminismo empoderar a las niñas y mujeres para que sean abanderadas de su libertad.

Creo, también, que el feminismo se equivoca cuando ‘fusila’ a las mujeres que considera equivocadas en su estilo de vida y cosmovisión; fallamos si vamos por ahí, etiquetándo y señalándo, calificándolas como sumisas sólo por no asumir la libertad, tal y como algunas la concebimos.

La vida me ha regalado amigas muy variadas: una conejita playboy, varias actrices, modelos y mujeres a las cuales podrían etiquetar de vedettes. Todas con historias de vida muy complejas. Hoy día ellas caminan con Feminismo Artesanal. Estoy segura de que no dejaran de ser las mujeres que decidieron ser porque otras personas dediquen su tiempo a ningunearlas o estigmatizarlas con la etiqueta de ‘niñas sumisas’. Lo que sí hacen, en cambio, es cuestionar su entorno, denunciar y señalar. No dejaran que nadie abuse de ellas.

Yo no ‘reivindico vedettes’, reivindico la realidad de las mujeres. Sostengo que ninguna es inferior tras haber decidido sobrevivir con las herramientas que tuvo a su alcance. Muchas de ellas hallaron en su rol de ‘sumisas’ el poder económico y social que necesitaban para hacer de su vida algo mucho mejor.

No es menos machista y patriarcal un tipo diciéndole a las mujeres qué y cómo vivir, que una mujer haciendo lo mismo. Nosotras, desde Feminismo Artesanal, cumpliremos con el deber ético de informar, educar, cuestionar y señalar sin condenar y excluir. Siempre diremos las verdades sobre el sistema patriarcal, pero nunca nos consideraremos con la autoridad para tachar a las mujeres por no querer hacer uso de la información que les brindamos.

Estoy absolutamente convencida que el feminismo no es una religión con paradigmas o lineamientos incuestionables, que el feminismo es la búsqueda diaria de la libertad de las mujeres. Que no es una lucha colectiva sino individual y que cada mujer tiene sus propios ritmos y realidad.

El feminismo no es camino más fácil y eso de ir ‘sancionando’ vedettes lo hace más difícil: es violencia intragénero no menos dañina que la violencia patriarcal.

Mujeres, feministas o no, vedettes o no, somos mujeres. Mujeres putamente libres.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

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