Bogotá se desmorona

Por: Camilo Achury/ @CamiloAchury

Por Camilo Achury

¿En qué momentos comenzamos a reírnos de nuestras desgracias? Es más, ¿en qué condenado momento nos vemos tan abrumados de desgracias? Y para continuar, ¿nos acostumbramos? Hace un tiempo mi uso de TransMilenio se ha aumentado mucho más de lo que yo quisiera, y lo único que puedo ver son caras sonrientes y felices de usuarios que tal vez ignoran que son terriblemente atropellados en sus derechos y dignidad.

Es aterrador y circense ver cómo la gente desde las 5:00 p.m. se apeñusca de manera inhumana en buses de cualquier color que los lleve lo más cerca de sus casas, segundos trabajos o lugares de estudio. Pero lo más triste es ver que esa muchedumbre incontrolable e indómita se apretuja ensalsada en risas. ¿De qué diablos se ríen?, ¿dónde está el chiste en que una empresa dedicada a amasar dinero basándose en el atropello constante, transporte gente como reses? ¡Y además! ¡agradecer porque si no es en este monopolio enfermo, no podemos transportarnos!

Ahora, creo que la psiquis bogotana y colombiana funciona al contrario y por lo tanto la gran cantidad de videos, fotos y reclamos en redes sociales hacia los que se cuelan en este paupérrimo servicio han aumentado la afluencia de los mismos. Es decir, ¿podemos ser tan burros que un video de escarmiento y advertencia lo convertimos en un deporte ciudadano? Y peor aún, nos insensibilizamos de una forma cruel y casi satánica al ver cómo se lleva al transeúnte, salpica la sangre y el otro llora; la foto del apuñalado y cómo celebramos la golpiza del ladrón hasta dejarlo escurriendo chorros de babaza sangrienta.

No estoy de parte del ladrón, pero llegamos a un nivel de salvajismo que aunque debería invertir esta columna en cultura, precisamente hago evidencia y no puedo dejar pasar la falta de la misma. Estamos llegando a niveles insospechados de todo, intolerancia, cinismo y descontrol. La calle hierve, como lo decía de forma poética el rock en español de los ochenta y que hoy, hecha una realidad, es el asco y el lugar más inhóspito de nuestra existencia.

Vivimos en un esnob de tercer mundo por el cual nadie va a querer apostar, nos degradamos a una velocidad incalculable mientras el alcalde sale a decir que “acá no hay caos de seguridad”. Pues señor pintado en la pared, sí lo hay, y lo hay en todos los sectores, el estado es incapaz de proveer seguridad a su gente y si esto pasa en la ciudad “más grande” del país, pueden hacer cuentas de la cochinada a nivel nacional. Lo imploro, dejen de comer entero, James no va a venir a salvarnos de nada con sus millones de euros, déjenlo trabajar, abran los ojos y salvemos lo que se pueda de esta ciudad decadente.

Playlist recomendado, basado en el Día Sin Carro.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.

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