¿Me incapacitan, por favor?

Por: Camila Chaín / @camilachain

Por Camila Chaín

¿A quién no le ha dado ese resfriado terrible que produce escalofríos, genera una sensación de “fiebre interna que nos hace desear tener una chaqueta a pesar del sol inclemente, ese que nos quita el apetito, revuelve nuestro estómago y mucho más?

Sé que a todos nos ha tocado, no una, sino varias veces, pasar por eso días incómodo con los peores síntomas, pero que no representa un peligro inminente para la salud y tal vez, por eso, aunque la sensación es de “me estoy muriendo”, es muy difícil que el médico te incapacite.

Cuando le sucede a alguien más, nos limitamos a decirle que por favor se tome esto y lo otro, que el agua es excelente, que eso se le va a pasar, que no se preocupe y, sobre todo, que no se le vaya a ocurrir tomar de nuestro vaso, o estornudar sin taparse la boca, etcétera. Cuando nos pasa a nosotros, lo único que queremos es que nos consientan como a un bebé, nos hagan sopitas, soben la cabeza, revisen cada cinco minutos si tenemos fiebre y, finalmente, nos arropen de arriba abajo.

Hoy es exactamente así como me siento, después de levantarme de la silla al finalizar el comité en el que estaba. De repente mi fortaleza se vio disminuida, intenté reponerme enviando pensamientos positivos a mi mente, pero esto debe ser muy parecido a caer noqueado en un ring de boxeo.

He visto varios comerciales de medicamentos que se comercializan y son muy populares, esos que prometen disminuir los síntomas y son muy acertados cuando usan imágenes de taladros golpeando nuestra cabeza, paredes cayendo encima de nuestra frágil humanidad y mucho más. La gente cree que puede trabajar bajo todo ese desastre ocurriendo en el organismo, pero es muy difícil disimularlo.

Quisiera estar en mi cama ahora mismo y no hacer más nada hasta que esto pase, pero tengo tanto por hacer que, aunque le vea cara de colchón a mi escritorio, debo seguir como si nada. Sí, claro que quisiera que se tomara más en serio este “estado” paupérrimo del cuerpo, pero lo máximo que podemos hacer es controlarlo hasta que, sea virus, o no, el escalofrío, la fiebre, el dolor de estómago, de cabeza, la terrible molestia en las articulaciones y todo lo demás desaparezca.

Yo sé que leer esto les debe traer malos recuerdos, o muchos deben estar sintiendo lo mismo en este instante. No pude dejarlo pasar, porque ha sido imposible concentrarme en otra cosa, es más, la frase que siempre repetimos en estos momentos suele ser la misma para todos: “Dios mío, quítame esto que tengo”.

¡¡¡Feliz fin de semana!!!

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

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