Estudie algo serio

Por: Mauricio Barrantes / @Mauriciobch

Por Mauricio Barrantes

– Mijito, estudie algo serio, qué orgullo sería tener un ingeniero, un médico, un abogado, un profesional con futuro. Si le contara, el publicista de la empresa está más en la olla, es que para esas carreras no hay salida. Bueno, en medio de todo no es tan grave, el hijo de Julieta estudió dizque actuación, pobre, tan bueno que era para los números y terminó desperdiciando su vida así, ahora estará al lado de todos esos marihuaneros y vagos.

– Pero yo quiero hacer cine, mamá.

Le ofrezco este diálogo a Dago García para que en una de sus joyas cinematográficas haga reflexionar a los casi dos millones de colombianos que ven sus películas acerca de una frase que ha frustrado a potenciales actores, guionistas y directores de arte y así suplir la falta de educación que lleva a que los colegios no cuenten con una materia en la que, por ejemplo, se promueva la memoria audiovisual en el país. El llamado es claro, se debe pasar del prejuicio de que existen carreras puras y duras y aceptar que lo importante en la vida está guiado por la pasión.

Los ríos de gente, que mañana tras mañana se ven por toda la ciudad con la pinta de oficina y la cara de afán (me incluyo), puede que refuten esta idea. Vivir del arte parece una utopía y por eso ponerse la corbata parece un destino difícil de evadir.

Sin embargo, la experiencia de algunos realizadores deja ver que sacar proyectos audiovisuales adelante no es solo cuestión de suerte y plata, sino también de ganas. Tal es el caso de Pablo González, director de la película Cord, que con su trabajo inspira a creer que no hay limitantes para la creatividad. La escenografía de su ópera prima se construyó con elementos reciclados, y el guion fue resultado del diálogo entre todos los que se involucraron en la película, desarrollado en medio de la grabación. Un claro esfuerzo por vencer el obstáculo del presupuesto, que ha hecho que más de una idea quede en el papel.

Más cercano y conocido es el caso del corto documental Ombligados en Jurubirá, que hace poco estuvo en las salas de Cine Colombia previo al inicio de cada película. Es ejemplo del riesgo que asumen algunos jóvenes realizadores para buscar ventanas de exposición que muestren lo que se está haciendo en el país en cuanto a las imágenes en movimiento.

Por el mismo lado van esfuerzos de canales públicos, como Canal Capital, que prepara la Franja Cine para apoyar nuevos realizadores y educar a la audiencia para que reconozca su propia cultura audiovisual. Este canal ya lanzó series televisivas como El experimento, que sorprende por su calidad y temática (trata de la vida de estudiantes de un colegio público de Bogotá) y es prueba de que se pueden crear propuestas sólidas en forma y contenido con apoyo del sector público.  

Ahora, con buenos ojos se puede ver que se estrenen cada vez más películas en el país, que existan fondos de desarrollo cinematográfico y que los realizadores dejen de trabajar con las uñas para empezar a recibir financiación pública y privada. En cualquiera de los casos, la recursividad es fundamental y hay que echar ojo en las convocatorias, nacionales y extranjeras, además de otras formas de conseguir recursos como el crowdfunding. Hay que creer que hacer audiovisual en el país sí es posible, sin dejar de exigirle al Estado más apoyo y a la gente, más fe.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.

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