Y solo pedí un jugo de mango

Por: Camila Chaín / @camilachain

Por Camila Chaín

Antes de entrar de lleno en lo que quiero contarles hoy, debo decir que me parece maravilloso que nuestros chefs descubran nuevos sabores permanentemente y que eso nos permita probar diferentes combinaciones que jamás se nos hubieran ocurrido.

Todo ese don creativo, sumado a la investigación en el campo de la culinaria, ha hecho que nosotros, los comensales, estemos felices y llenos de propuestas en cada restaurante que visitamos.

Pero como todo en exceso es malo, quisiera sugerirles que también incluyan en el menú aquello que ya conocemos de sobra y que hemos consumido en su “estado natural”, por decirlo de alguna manera. Lo digo, porque esta semana visité un reconocido restaurante de Bogotá y me antojé de un jugo natural.

Como ellos tienen un espacio exclusivo, pregunté por mi favorito, aunque sabía que esa fruta no se cultiva en todo el territorio nacional y que probablemente no estuviera en la lista: la guayaba agria (si no la han probado, por favor háganlo, es una delicia).

No la tenían, así que opté por pedir algo que tampoco encuentro con facilidad; el jugo de mango biche. Sí, el mismo que comemos en cualquier esquina con sal, limón y pimienta. Esperé con ansiedad a que lo prepararan y me llamaran. Llegué con esa sensación de infinito placer en mis papilas gustativas, recogí mi vaso, puse el pitillo y… no logré describir el sabor que probé.

No era mi mango biche de siempre, tenía yerbabuena y un par de ingredientes más que no tienen mucho que ver con la fruta que me gusta. No sabía mal, pero yo lo que quería era un simple jugo que supiera a mango y ya. Me levanté de la mesa y le pregunté a la chica que me atendió si podía cambiarlo, o hacerme uno de mango biche y me dijo que no, porque ya lo había probado y porque “el chef había creado la receta y no se podía cambiar”.

No saben mi frustración al respecto, me sentí culpable por no leer los ingredientes en la carta, pero cómo iba yo a saber que debía verificar eso, ¡cuando lo único que necesitaba era que me hicieran un simple jugo!

Pues me tocó aprender a las malas que todo ha cambiado y que los chefs cada vez son más creativos y mi única opción para no cometer errores al momento de pedir, es revisar muy bien. Sé que este no es un tema profundo, que no procuro generar grandes reflexiones, ¿pero dónde quedó lo tradicional, lo de siempre, los sabores que nos recuerdan a los abuelos, los almuerzos en familia?

Es un gran avance que todo evolucione, pero yo pido que, de vez en cuando, volvamos al origen y dejemos a un lado las recetas modernas. Sigo con mi antojo y ya sé lo que haré: comprar un par de mangos verdes y meterlos a la licuadora.

¡Feliz fin de semana!

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

OTRAS COLUMNAS DE CAMILA CHAÍN:

Volver a motivarse

¿Dónde está la autoridad?

Un poco de prudencia, por favor

MÁS OPINIÓN AQUÍ

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo