Pornografía educativa

Por: Mar Candela, ideóloga Feminismo Artesanal.

Por Mar Candela Castilla

Carlos Candela

Foto:

La pornografía, como casi todo en la humanidad, fue creada para el placer de los hombres, reafirmar su poder, control y dominio sobre la mujer; para demostrar que nosotras somos ‘suyas’, objeto de placer… nunca sujeto.

Es obvio que hablo de la pornografía heterosexual.

También ha sido declarada como pecaminosa porque es menester que sea prohibida; de otra manera perdería su poder de tentar y a su vez, de liberar de culpas: es necesario que la pornografía haga sentir a los hombres que los ha inducido a ‘caer en tentación’ a pesar de ellos mismos, y de esta manera evitar que ellos se sientan responsables de sus actos.

La fuerza de la pornografía es la ilusión de disfrutar de todo el placer que puede brindar una ‘pecadora`, una ‘puta’. Ellos ven los productos pornográficos en habitaciones cerradas mientras se masturban en nombre de cualquier actriz porno de moda. Si algún día tuvieran que dar explicaciones sobre sus actos íntimos, dirían que ‘han pecado’ por culpa de una ‘bella puta que los tentó’: incapaces de controlar sus instintos, los pobres hombres pueden descargar la responsabilidad de su vida sexual sobre las vaginas y declararse inocentes.

Pero todo esto está teniendo una transformación paulatina, bendito cambio que ha sido posible gracias a mujeres osadas que decidieron empoderarse dentro de la industria de pornografía.

Desde siempre la educación sexual ha estado en manos de la pornografía: los consumidores hombres mal-aprenden a dominar, poseer, y nosotras somos instruidas para considerar que solo somos dadoras de placer, que nuestro sexo solo existe para complacerlos a ellos y que seremos hembras en su máxima expresión en la medida en que sepamos complacer sin tarareo al macho.

Creo firmemente en el ejercicio de ‘darle vuelta a la tortilla’ a las actitudes históricas como herramienta poderosa de resistencia al patriarcado. Igualmente, estoy convencida de que aunque quejarnos, reclamar, negar y oponernos a la desfachatez de los machos nos ha otorgado varios derechos y posibilidades, aún no hemos resultado eficientes en la concientización de nuestra libertad de personalidad, derechos sexuales y equidad en todos los aspectos de la vida.

Las mujeres somos receptoras y dadoras de placer. Nos han enseñado a que ninguna de esas dos condiciones se debe mencionar públicamente y ni se diga de reivindicarnos como dueñas de nuestros cuerpos, como mujeres que conocemos nuestro clítoris, que entendemos perfectamente un orgasmo múltiple, como mujeres con cuerpos gozosos sin miedo a ser castigadas por ello, a que nos llamen pecadoras o inmorales, a vivir sin eso que llamaron pudor los enemigos de nuestro placer sexual.

Es por eso que me agrada la pornografía dirigida por mujeres, ilustrada por mujeres y protagonizada por mujeres. Al contrario de la otra pornografía, considero que ésta es un poder político que nos empodera de nuestro cuerpo y sexualidad. La pornografía propuesta por mujeres es educativa, revolucionaria y, por sobre todas las cosas, emancipadora.

La pornografía no va desaparecer, es una industria que mueve millones de dólares alrededor del mundo y, por absurdo que nos parezca, a muchas mujeres y hombres les gusta trabajar allí.

No puedo negar el hecho de que cientos de mujeres han sido violadas y abusadas para hacer películas ‘reales’, en consonancia con ese imaginario del macho dominante en la cama. Siempre he dicho que hay que denunciar todos los casos de violencia y en la pornografía hay mucha que los consumidores desconocen porque se vive en la intimidad de la producción. Creo firmemente, a su vez, que solo trasformando la industria de la pornografía lograremos cambiar los imaginarios de los actos sexuales.

Estoy convencida que en toda mujer habita una santa dadora de placer que se conecta y conecta los cuerpos con el gozo de los orgasmos. Hay, también, una puta terrenal receptora de placer que vibra y hace vibrar los cuerpos en toda su humanidad salvaje. Una santa puta o/ puta sagrada que permite que reconozcamos al animal dominante que duerme en cada mortal. Esa es una realidad que ninguna puede negar sin importar que tipo de mujer seamos, si ejercemos toda nuestra capacidad sexual o no, si somos sexualmente inquietas o no.

En mi anhelo de que todas en este tercer milenio podamos sentirnos verdaderamente libres, ‘putamente libres’. Siento la necesidad de invitar a emancipar el sexo de las mujeres y estoy convencida que el nuevo porno, este que es engendrado desde toda la humanidad y sensibilidad de las mujeres, es el camino. Hoy les dejo en compañía de Erika Lust quien para mi es una autoridad moral sobre pornografía feminista.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.

MÁS OPINIÓN AQUÍ

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo