En el nombre de ‘Gabo’, de su hijo y del espíritu FICCI

Por: Mauricio Barrantes / @Mauriciobch

Por Mauricio Barrantes

Siento gran alivio al ver el calendario y notar la cercanía de un festivo y de Semana Santa. Aunque lejos están los tiempos en que descansaba nueve sagrados días, poco importan ahora mis costumbres de oficinista, mientras pueda sacar espacio para dormir e inyectarme ficción. Ahora, en un país mayoritariamente católico, suele ser trauma de más de uno relacionar los días ‘santos’ con las maratones de películas religiosas de los canales nacionales, divinamente reducidas con el paso de los años gracias al aumento de opciones en la televisión por cable y a que cuando uno crece llega la independencia para conseguir escapar de algunas tradiciones colombianas.

Pero más allá del tedioso cine religioso de bajo presupuesto, ficción y religión no siempre son una alianza desafortunada. Y es que récele a quien le rece, lo divino es un tema que vende mucho, más aún cuando está bien contado, como es el caso de   Last days in the desert, que clausuró la versión 55 del Festival Internacional de Cine de Cartagena (FICCI), tras tener un destacado paso por el festival de Sundance.

Bajo la dirección de Rodrigo García, hijo del nobel Gabriel García Márquez, la cinta es protagonizada por Ewan McGregor, a quien la fuerza lo acompaña para asumir el reto de ser el jedi bíblico más conocido del mundo católico: Jesús. McGregor, recordado por papeles en películas como Star Wars y Beginners, demuestra su madurez actoral de la mano de García al interpretar al ‘hijo de Dios’, en una versión muy humana. La dualidad entre bien y mal queda en evidencia de forma auténtica ya que el actor asume ser Lucifer y Jesús en una misma imagen, lo que resulta acertado para generar identificación y cercanía con el espectador.

El filme cuenta con atributos narrativos y audiovisuales difíciles de omitir, que permiten que la experiencia no se limite a llegar a ser testigos de una versión más de un pasaje bíblico, sino que, independiente de la preferencia religiosa, es la oportunidad para entender cuestiones de la condición humana, vistas desde un personaje históricamente catalogado dentro de lo sagrado. Además, el encuentro de Jesús con una familia, en el que él se involucra con asuntos cotidianos, es un acierto a la hora de captar la complejidad del protagonista.

Poco importa si le tiene altar a Jesús, a Budha, a Bob Esponja, recordando uno de los capítulos de Los Simpson, porque más allá de si se encuentra en una religión constituida o Semana Santa significa para usted apenas unos días para broncearse y pasear, en cualquiera de los casos el consejo es dedicarle un poquito de tiempo al séptimo arte, porque hay cosas buenas que vale la pena ver.

Y esa es la apuesta del Festival Internacional de Cine de Cartagena, que sin duda es la ventana para que cientos de productores muestren sus trabajos audiovisuales experimentales y que también sirve de escenario para dar a conocer filmes de gran factura en donde queda claro cuál es la agenda obligatoria, en cartelera, para el resto del año.  

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