¿Y qué si no nos da la gana de ser ‘bellas’?

Por: Mar Candela, ideóloga Feminismo Artesanal.

Por Mar Candela Castilla

Andrés Reina

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Háganse el favor de no tragarse esa sopa: si no les da la gana de arreglarse, pintarse, comportarse o cambiar su estilo para gustarle a los demás ¡no lo hagan, es su derecho! Las convoco a no dejarse convencer del sistema.

Hace poco vi un anuncio que decía: ‘¡Ahora sí, ropa para mujeres reales!’. ¡Qué desfachatez!
Nos lavaron el cerebro para que la mayoría quisiera ser una Barbie humana y ahora resulta que ese no es el modelo de la mujer real, ni de la que llena las expectativas de todo hombre. ¿Qué me dicen de las mujeres que son absolutamente planas, que de natura viven ‘en los huesos’ aunque no estén desnutridas ni padezcan anorexia, pero deben ir a almacenes de niñas a comprar su ropa porque nadie diseña pensando en sus cuerpos?

No somos más o menos “reales” por tener unas libras demás. Ninguna mujer deja de ser real por decidir ser flaca e incluso operadas. Las mujeres reales somos las que podemos respirar, sentir, pensar y crear… es decir: todas las mujeres, sin importar como decidamos ser y vernos ¡somos reales!
Esta reflexión surge debido al cambio de paradigmas y lineamientos sobre la belleza femenina.

En la actualidad, con el patrocinio de los intereses mezquinos de la industria de la moda, las denominadas “talla grande” seremos las muñecas de exhibición sexy de turno y seremos las reconocidas ‘plus size’. Ya no nos llamarán, ‘rellenitas’, ‘trozuditas’, ‘pesaditas’, o ‘pasaditas’. A ver si no se dejan engañar, es la misma basura de siempre: “mujeres de moda”, moldes impuestos.

Como la belleza física es una construcción social y comercial, los genios de la industria se dieron cuenta de que habían descuidado el mercado de las mujeres ‘corrientes’ y que estaban perdiendo dinero por no hacer ropa para gordas. Entonces se inventaron el nombre ‘plus size’ para identificarnos.

Me parece maravilloso que ahora estén pensando en nosotras, las gordas, para hacer moda, es más no me molesta que ahora nos quieran conquistar como clientas, cuando durante años nos manotearon, excluyeron y humillaron. Además no es un secreto que La industria de la moda es la más hipócrita y utilitarista de todas: siempre ha cambiado los paradigmas y lineamientos de belleza a su antojo. De eso dan fe los libros de historia de la moda en el mundo.

Estoy hablando solamente del ‘empaque’, de los conceptos impuestos sobre lo que es ser o no ser bella: desde mi percepción no todas somos físicamente bellas según el estándar social ni estamos obligadas a serlo. Ahora que sigue, ¿manotearan, humillaran y someterán a las flacas? No seamos más cómplices de esa infamia.

Dejemos que el tema del sobrepeso o de la delgadez sea una decisión propia y que sí subimos o bajamos nuestro peso sea por recomendación médica o porque consideramos que es lo más conveniente. Seamos libres de ser y vernos como nos apetezca.

Repito, para evitar malentendidos: este artículo no solo está en contra de la belleza comercial y física que nos exige el patriarcado para ser mujeres de “éxito’. Este artículo también está en contra de la falta de conciencia que tenemos las mujeres sobre estas imposiciones comerciales; como consecuencia no todas entendemos esa belleza como un posible poder político, social e incluso económico.

Este artículo señala nuestra falta de capacidad para comprender que no solo existe la posibilidad de ser esclavas de la belleza, sino que también podemos empoderarnos como amas y soberanas de nuestra propia construcción de belleza. Si entendemos eso, le dejamos claro al patriarcado que sin importar las cadenas con las que nos aten nosotras siempre las usaremos como poder emancipador.

Por tanto, acabaríamos con farsas como esta: ‘Se solicita mujer bien presentada para mesera’ entonces vamos todas súper pinchadas y perfumadas para ganar el puesto. Pero resulta que, sin importar lo bien presentadas que vayamos, si no parecemos muñecas de exhibición o si no somos “plus size” no seremos la mesera elegida.

Reitero el porque es tan necesario que cada mujer construya su belleza, se apropie y enseñoree de ella desde sus propios recursos y posibilidades.

El sistema nos exige vernos como modelos que salen en las revistas, que ganan millones de pesos por posar y tienen presupuesto de sobra para invertir en ‘belleza’ (irónicamente casi todo se lo regalan los patrocinadores, precisamente para que sean ‘la imagen’ de su producto). Sin embargo, aunque los medios de comunicación insistan, esa no es la realidad de la mayoría de las colombianas, a quienes nos exigen ser como esas mujeres para pagarnos un salario mínimo o a lo sumo dos.

Imponer una talla y un peso ideal es infame con las personas, diversas en constitución y estados de salud. Las gordas no necesitamos la lástima social o que ahora la industria nos llene de luces, maquillaje y glamour para volvernos su maniquí y forrarse en plata a nuestro nombre. ¡Qué hagan toda la ropa que les apetezca pero que no impongan un solo modo de ser bellas!

Toda mujer flaca, gorda, incluso con alguna discapacidad y sin importar raza o edad, puede ser sexy cuando lo decide: el patriarcado nos educó muy bien para serlo. Incluso mucho antes que tuviéramos derecho a leer, ya éramos educadas para seducir. Así que no es la industria la que nos hace eróticas o sexys: nosotras, de querer, lo podemos hacer solas.

Cumplir con un prototipo de belleza es un poder político, económico y social. Si alguna quiere hacerlo yo no la juzgo. Sé que es una enorme tentación recibir los beneficios que brinda a muchas este sometimiento al sistema, es más, ojala yo pudiera usar ese poder.

Pero una cosa es que algunas mujeres así lo decidan y otra es la presión social para que nos sometamos a un molde, así no quepamos.

Ser o no ser, eso lo decide cada mujer.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

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