De mujer a mujer; de feminista a feminista

Por: Mar Candela, ideóloga Feminismo Artesanal.

Por Mar Candela Castilla

Es difícil que una sola mujer hable en nombre de todas. Es algo que nadie, sin importar cuanto recorrido tenga en la causa feminista, puede hacer sin errar. Con eso en mente quiero hoy expresarme por la causa justa del derecho de todas a ejercer nuestro derecho a vivir sin miedo y disfrutar de la libertad que da como bien lo promulgo Nicolás Chamfort: gozar y hacer gozar sin dañar a nadie.

Soy una convencida de que podemos ser libres en armonía, aún en las diferencias.

Sea esta la ocasión para ofrecer disculpas a todas las voces líderes del feminismo en Colombia con quienes he disentido en muchos temas. Si las he ofendido o no he sido capaz de entenderlas, de verdad lo siento. Por eso hoy les hablo con un mensaje conciliador: ¿Por qué no nos detenemos un momento, dejamos de buscar quién de nosotras tiene la verdad sobre el feminismo y encontramos, mejor, la hermandad femenina que nos permita brillar en la oscuridad de los callejones del machismo, nuestro enemigo común?

Mis compañeras militantes feministas, ante todo siempre mujeres: quiero resaltar lo mucho que he aprendido de las diferencias, de la manera como ustedes, con sus cuestionamientos y críticas severas, han forjado mi carácter. Quiero agradecerles porque me han hecho fuerte. Antes de encontrar al feminismo yo solo sabía llorar y maldecir en voz baja, pero fueron ustedes quienes me enseñaron a levantar la voz en medio de las lágrimas y a resistir en la desesperanza: ¡gracias!.

Nací feminista y no lo sabía. Cuando desperté estimulada por sus voces, y las voces de todas nuestras antepasadas en libros históricos sobre la realidad humana de las mujeres, salí de las habitaciones del patriarcado donde dormía plácidamente, confieso que me empezó a doler el cuerpo: estaba muy confundida entre tantas teorías feministas y discrepancias entre nosotras. Poco a poco, a tientas, empecé a tejer y destejer mi realidad y a parir una manera de vivir: la cual llamé Feminismo artesanal. Sé que para muchas de ustedes es casi abominable porque resiste al patriarcado de modo controversial y diferente.

Ofrezco disculpas a todas las mujeres a quienes se han sentido agredidas con mi verdad, nunca ha sido esa mi intención, ofrezco disculpas a las que consideran que yo estoy obstaculizando el proceso feminista en el país, a quiénes me han mirado a los ojos para decirme que no las represento. A ellas les quiero decir con humildad, parafraseando a Lou Andreas-Salomé, que no seré modelo a seguir, y no pienso seguir modelo alguno pero que, cueste lo que cueste, le daré forma a mi propia vida. Es algo que desearía que toda colombiana hiciera: que se dedicara a darle forma a su existencia, lejos de las imposiciones del patriarcado y las expectativas feministas.

El patriarcado nos llenó de miles de “modelos a seguir”. El más reconocido por nuestra sociedad es el paradigma de la “virgen” versus” la santa” y con la excusa de que no somos mujeres idóneas, en Colombia todas las semanas una mujer es asesinada por no ser lo que alguien quiere que sea.

Digo abiertamente que todas somos ‘putas por sospecha’ a la vez que ‘putamente libres’: sé que esto no le gusta a la mayoría de las mujeres pero permítanme explicar por qué insisto en gritarlo: no estoy aquí por las mayorías, estoy por las invisibles, por las mujeres con quienes hablo a diario y me cuentan lo difícil que es no encajar en el modelo idóneo de mujer y sentir que nos quieren meter en un armario para que no vivamos lo que somos y deseamos ser. Por ellas digo lo que digo, a pesar de que corra el riesgo de ser malentendida.

Así como pido comprensión para mí, también me atrevo a invitar a todas mis compañeras feministas a no juzgar severamente a las mujeres que no viven el feminismo. Yo, durante muchos años, afirmé que no era feminista porque “amaba a los hombres”. Cuando miro a la mujer que fui siento vergüenza, pero agradezco a ese ridículo argumento que un día esgrimí porque hoy puedo caminar tomada de la mano de muchas que se auto denominan “anti feministas”; puedo decirles que algunas de ellas han resultado más radicales y contestarías en sus defensas que muchas de nosotras: ya quisiera yo tener la personalidad de muchas de ellas para sostener un argumento.

Es fundamental que Feministas o no, todas ante todo mujeres, decidamos dejar de lado nuestras diferencias para unirnos en el objetivo de lograr vivir sin miedo. Eso solo será posible el día que todas las mujeres decidamos aceptar a la otra en sus luces y sombras, para que el patriarcado no se aproveche de nuestras divisiones de forma para seguir perpetuándose.

Que este día sea también un motivo para ofrecerle disculpas a todos los hombres que se sienten agredidos y violentados con las verdades feministas: no queremos dañarlos, solo pretendemos que cuestionen su masculinidad, que sepan que sus privilegios han costado la vida de muchas de nosotras, que entiendan que nuestros reclamos son justos y necesarios; disculpen si no somos asertivas cuando confrontamos al macho que habita en muchos de ustedes. Queremos ayudarles a cuestionar su masculinidad heredada y a disfrutar con nosotras de la equidad de género.

Finalmente, también quiero decir que no prometo cambiar mi discurso ni tomar las verdades de todos y todas como propias. Tampoco pretendo que ustedes asuman como suyas mis ideas. No tengo idea si el camino que elegí para mi emancipación, y el de las mujeres que me acompañan, llegue a su objetivo. Lo que sí sé es que el único camino para una transformación real en el país son las políticas de convivencia en la diferencia.

Necesitamos levantar a la Matría en medio de los escombros patriarcales y hacer de Colombia un país también para las mujeres.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

MÁS OPINIÓN AQUÍ

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo