Colombia tierra querida…cine de narcos y de Dago García

Por Mauricio Barrantes

Cuando leí la frase “Somos lo que fuimos”, que acompaña la versión 55 del Festival Internacional de Cine de Cartagena (FICCI), no pude evitar pensar en lo que ya he escuchado por doquier: que el cine colombiano es de narcos, violencia y comedias a lo Dago García. Casi siempre, cuando alguien me dice que huye de las películas nacionales por temáticas repetitivas, yo asumo el rol de abogado del diablo, porque creo que antes de generalizar se debe debatir.

Tampoco la idea es inventar virtudes donde no existen, pero hay que tener un poco de fe, como en el fútbol, al punto que la confianza acompañe la calidad del equipo. Aquí el director técnico del cine no es extranjero, como Pékerman, sino Dago García, el hombre con la fórmula de éxito para romper récords con cada comedia que estrena en diciembre. Y así se revuelquen los jueces de festivales y los críticos, el tipo la tiene clara para meternos golazos con cero esfuerzo en fotografía, sin un mínimo desarrollo de personajes y con una narrativa flojísima.

Extender el estilo televisivo al cine resulta ser ganador con títulos que hasta duele nombrar como: Uno al año no hace daño (la más taquillera de la historia) y la trilogía de El paseo. Con estas cintas no discuto con los que sienten decepción de nuestra cinematografía, aunque tampoco peleo con los que sagradamente le compran la boleta anual a Dago. Si les gusta y se ríen, bien por ellos; adelante, que venga El paseo 4.

Narcos, guerra y bala funcionan muy bien a la hora de vender películas como pan caliente en Colombia. Aunque menos del 20% de los filmes que se han hecho en el país son de violencia, casi la mitad de las más taquilleras tratan historias de narcotráfico o conflicto armado del país, según artículo publicado por Jerónimo Rivera (2012).  

Más allá de la rentabilidad, esta estética que a muchos les genera aversión hace parte de lo que fuimos y somos y es necesaria para construir una sociedad con memoria, capaz de reconocer y trabajar alrededor de sus propias problemáticas. De allí que poner a Alias María como película inaugural del FICCI refleja el deber que tiene el cine de constituirse como un elemento que acompañe las transformaciones sociales. Dirigida por Jorge Luis Rugeles, la cinta narra el drama de una guerrillera para poner sobre la mesa asuntos sensibles como el reclutamiento de menores y la crudeza del conflicto armado. Llamativa elección, cuando el país está polarizado con lo que pasa en La Habana y las ficciones harían bien en contar las décadas de guerra desde todos los puntos de vista.

El FICCI este año nos muestra un interesante menú de opciones criollas que, aunque en su mayoría son de la ‘zona roja’ que evitan muchos, lo cierto es que son títulos dignos de ser ‘probados’, no solo como ejercicio de memoria histórica acerca de nuestras problemáticas, pero más aún para darle el voto de confianza al ‘equipo tricolor audiovisual’, seguros en que esta vez sí darán la vuelta olímpica en Cannes o en Los Ángeles. Por mi parte, prefiero la terquedad de apoyar los esfuerzos que se hacen desde la cinematografía nacional, independiente de la temática, para ver cómo paso a paso se madura con productos cada vez mejores.

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