Consignas patrias

Por: Andrés Ospina. Escritor y realizador de radio/ @elblogotazo

Por ANDRÉS OSPINA

Habitamos la tierra del “usted no sabe quién soy yo”. La nación soberana del “no dar papaya”, y el “quién lo manda”, principios que cual antorcha iluminan los derroteros de un estado erigido sobre su argamasa de arribismos e incredulidades.

Poblamos los latifundios del serrucho, blandido desde estamentos privados y públicos. Los predios pragmáticos del “cómo voy yo ahí”, “el vivo vive del bobo” y el “tenga pa que lleve”, consignas que bien podrían reemplazar el regeneracionista “libertad y orden”. Profesamos la doctrina zen del “relájate y disfruta” y practicamos yoga mediante la modalidad local del ‘agáchese’.

Es nuestro pueblo un parque temático descomunal, medrado por hienas, perros, micos, lagartos, lobos y demás especímenes variopintos, como lo señalaran los maestros Antonio Montaña, Alfredo Iriarte y Noel Petro –oriundo de Sapo Muerto– quien, visionario, seleccionó el título Burrolandia para un álbum suyo. Con tantas culebras la población ofídica de este serpentario ya amenaza hacinamiento.

Residimos en el imperio del dedo omnipotente que legisla, adjudica y nombra a su corrupto capricho. Emporio de carruseles, mangualas, mermeladas, ‘tres huevitos’ y ‘retrecherismos’. Paisaje lingüístico de narconeologismos. ‘Narcotoyotas’, narcocorridos, ‘narconovias’, narconovelas, pornomiserias, paseos millonarios, pescas milagrosas, collares-bomba, falsos positivos y chuzadas. A estas últimas sería –por cierto– preferible llamarlas ‘intervenciones’ o ‘espionajes telefónicos’. ¿No?

A diario resuenan las voces del exceso. Del “¿es que mi plata no vale?”. Del vocablo ‘indio’ como insulto. Del acaudalado mercader de alcaloides, quien a la hora de adquirir cualquier electrodoméstico costoso pavonea la omnipotencia de sus alcances adquisitivos con un imperativo “¡deme tres!”.

También los slogans irónicos. El “sí se puede”, cuando no se pudo. El “claro que sí, Colombia”. El engañoso “diciendo y haciendo”. La “mano firme” y el “corazón grande”, trastorno tipificado por expertos como cardiomegalia. De “los cinco centavos pa’l peso”. Del “se acabó el año y no hicimos nada”. Del “jugamos como siempre y … (el resto lo sabemos y seguro lo hemos padecido con lamentable frecuencia)”. Del “era gol de Yepes”. Del “nos robaron”. Del “la colombiana debió ganar”. De “las tres mentiras”. Del “no fío ni presto envase”, “el que fía no está” y del más diplomático “solicite su crédito, que nosotros con gusto se lo negamos”. De las “mecánicas nacionales”. De colombianadas y tropicalismos. Del “se le tiene, pero se le demora”. De palancas, roscas y corbatas.

Con todo, invito a no quejarnos. También es esta una patria de estoicismos, resignaciones y risas. No en vano “Dios es colombiano”. Al menos eso señaló el eminentísimo teólogo William Vinasco Ch, quien alguna vez se lanzara a la conquista del solio de burgomaestre capitalino. Una lástima no verle salir airoso. Habría hecho de nuestra Bogotá toda una Radiópolis.

Culminemos positivamente. Con el reconfortante “jodido, pero contento”. Con el munificente “apúrele, que estoy botado”. Con el ecologista “agüita pa mi gente”. Con el conformista “no se gana, pero se goza”. Con el dignísimo “que se note todo, menos la pobreza” o con el esperanzador “por plata no se preocupe… que plata no hay”. Y con algunos más, imposibles de enunciar en modestas 539 palabras. Por cierto… ¿se les ocurre otra frase, refrán, máxima o concepto que de nosotros dé cuenta? El resto de las mías –lo digo en colombiano–… “se lo quedo debiendo”.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

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