Lunari

Por: Nicolás Samper/ @udsnoexisten

No me arrepentiré de haber dado esos 10.000 pesos. No me acuerdo cuánto fue. ¿O tal vez di 5000?

Era 1996 y Millonarios no tenía dinero para retener a una de sus grandes figuras, un hombre que convirtió un equipo opaco, muy opaco –creo que en esa campaña antes de los cuadrangulares solamente había ganado una vez por fuera de casa– en luz brillante que se acercó a una estrella esquiva en esos años noventa tan olvidables deportivamente. Estuvo a nada de obtenerla. Pasó que a pesar de hacer la tarea dependíamos de otros y así siempre las cosas son más complejas.

Ricardo Lunari se iba a ir del club, no por propia voluntad, sino porque no había cómo adquirir su pase. Entonces varios hinchas decidieron hacer una colecta para juntar fondos y así poder retenerlo. Al final no se pudo y casi 20 años después me enteré del destino de ese dinero: le debían varias quincenas a Lunari y con lo acumulado se pudo cancelar esa deuda. Lo contó Juan Carlos Contreras.

Lunari volvió casi dos décadas después en una situación parecida: ya no de cortos, sino con el buzo de DT a tratar de darle de nuevo esa luz a un conjunto de nuevo opaco y que estaba en crisis económica y de resultados. En su gestión ha habido luces iniciales, pero las sombras lo acechan cada vez más fuerte. Sobre todo después del cataclismo vivido en Cali donde, como él mismo lo dijo, se pudieron recibir más goles.

Luego del empate ante La Equidad y tras derrotas de esas que llaman las alarmas –perder ante Expreso Rojo es de esas cosas que un club grande no se puede permitir– las voces resuenan: ¿Lunari debe irse o quedarse? ¿Este semestre volverá a acumularse otra decepción más?

El DT, en mi opinión, tiene sus culpas, pero no debe irse. La evaluación justa se basa en esperar cómo resuelve el entuerto del ‘todos contra todos’ y de acuerdo a eso definir su continuidad. Él prometió arreglárselas con el plantel que eligió. Llamar a otro entrenador no garantiza nada a esta altura y de eso puede dar fe el mismo Lunari, que apareció como emergencia y no logró clasificar a las finales.

Hoy Lunari es apenas una circunstancia. Hay verdaderos responsables de este momento tan incierto. Cuando se apuntó a cambiar un proyecto exitoso como el de Hernán Torres, se falló clamorosamente. Y en el intento por retomar la senda perdida se jugaron primero una apuesta muy costosa y estéril en
resultados, que fue el tándem Portolés-Lillo. Viendo que el barco se hundía los dirigentes apelaron a la demagogia llevando a la institución a un tipo adorado por la hinchada, pero sin tantas credenciales como entrenador. Era la mejor manera de recibir apoyo popular en medio del incendio. No sé si era la mejor manera de obtener resultados. Esa respuesta se sabrá al final del campeonato.

Sí: Lunari se ha equivocado, pero que el árbol no tape el bosque. Si esta campaña termina de nuevo en decepción, será bueno recordar que la directiva fue la que quiso caminar por el borde del abismo desde hace mucho rato.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

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