El vivo vive del bobo

Por: Camila Chaín / @camilachain

Por Camila Chaín

Eso de tener que aclararle a la gente que uno no es turista para que no le cobren el triple en zonas a las que llegan de visita miles de extranjeros y nacionales de otras regiones es casi como un insulto.

¡Qué tristeza es tener que aceptar que nuestra apariencia, acento, idioma, le indiquen a un vendedor, a un taxista o a un guía turístico cuánto puede cobrarle (robarle) a una persona! Ayer me pasó cuando intenté llevar de paseo a mi cuñado por el centro de Bogotá.

Nos fuimos en taxi para poder recorrer la zona sin preocuparnos por parquear y disfrutamos de una tarde soleada, nos tomamos fotos e hicimos lo que la gente suele hacer en la Plaza de Bolívar: darles maíz a las palomas, pero el calvario empezó cuando decidimos ir a Monserrate.

Cogimos un taxi en la calle y al llegar a nuestro destino intentó cobrarnos más de lo normal, pero, como ya hemos aprendido a ser más vivos que ellos, logramos salir bien librados. Subimos en el teleférico, nos encontramos con venezolanos, chinos, gringos y eso nos llenó de orgullo, qué bonito que hablen bien de tu país y que se asombren con su belleza natural, pero al bajar intentamos subir a un taxi.

Ya saben, nos pasó lo que sucede siempre: al señor no le servía ir a la dirección que le dimos y nos recomendó hablar con “los de adelante”. Eso hicimos, pero ¡oh sorpresa! Cuando nos dijeron que la carrera costaría 23.300, exacto, un atraco, teniendo en cuenta que no era lejos, pero nos salieron con la siguiente perla: es que esa es la tarifa especial. ¿Cuál tarifa especial? Esa no es una tarifa especial, es una mafia.

Ofendidos, comenzamos a caminar y paramos a cualquier taxi que pasaba, le preguntamos al conductor por la tal tarifa y nos dijo que no es real, que los únicos que cobran tarifas “especiales” son los carros blancos especiales, nos confesó que, con razón, a muchos no los dejaban acercarse a trabajar en esa zona. ¡Ahí me quedó claro todo! Como los chinos, franceses, chilenos no saben bien cómo es el cambio a pesos, ellos les cobran lo que les da la gana y listo, es algo así como “el vivo vive del bobo”.

Lo peor es que eso pasa en todos los sectores turísticos del mundo entero, confunde y reinarás, pero sigo ofendida, porque, sea lo que sea, solo soy una colombiana más que necesitaba un taxi. ¡Y yo que pensaba que andar en carro era más engorroso y costoso! Prefiero no exponerme a los abusos. Finalmente pagamos 10.000 por llegar a nuestro destino. Lástima por los turistas desprevenidos

¡Feliz fin de semana!

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

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