Fumarse a Hollywood

Por: Mauricio Barrantes / @Mauriciobch

Por Mauricio Barrantes

Esta vez no vi la ceremonia de los Óscar a lo “mejor” del cine y con ello definí el camino para transformarme en un mamerto insoportable. La verdad es que exagero, dado que estoy lejos de ser tan inteligente como los mamertos modernos y mi gusto está años luz de considerarse refinado. Por el contrario, las comedias gringas siguen en mi repertorio de algún fin de semana en el que, entre cobijas, busco la risa fácil y el sueño rápido.

Aclaro, aquí la idea es convocarlos a evitar el juego de los premios de la Academia, el de la publicidad y el de los críticos, y hacerles solo caso a ciudadanos de a pie como yo (pues, para mi conveniencia y la de esta columna). Partamos de lo lógico: es difícil desafiar a la mente con algo distinto a lo que está habituada por culpa del oligopolio ‘hollywoodense’ y es entendible comprar las boletas el fin de semana para callar el cansancio con dosis de bala, sexo y, en algunos casos, cursis melodramas.

Pero hay formas de vencer la pereza mental sin salirse de la industria estadounidense. Por eso se le puede apostar a una película como Inherent Vice (Vicio propio), que con mucho ‘porro’, buen sexo y algo de bala resulta tan entretenida como ir a la versión hippie de su restaurante favorito. Casi ignorada por los Óscar, con apenas dos nominaciones, la cinta se ‘hace desear’ con el paso de los minutos. Un placer audiovisual y narrativo que sin duda le hará amar el cine gringo con total honestidad, sin necesidad de merchandising o sobreexposición mediática.  

Es una oportunidad para estimular el gusto y entregarse a una historia oscura, que gana inesperados toques de buen humor y seduce más allá de lo previsible. La adaptación de la novela de Thomas Pynchon, un escritor difícil de leer, hereda momentos confusos que, aunque lo pueden llevar a ver el celular o a mezclar la banda sonora con el ronquido del señor de al lado, cobran sentido cuando se complementan con escenas buenísimas en las que brillan los actores, el director y hasta usted mismo, al vivir la experiencia renovadora que logra como espectador. 

Ahora, si le sigue la pista a Joaquin Phoenix, Josh Brolin, Owen Wilson, Katherine Waterston, Reese Witherspoon y sí, también a la estrella porno Belladonna, vale la pena que descubra cómo ellos logran crear personajes dignos de romper el protocolo y lanzar un grito que despierte al de los ronquidos. Un trabajo que tiene el sello de Paul Thomas Anderson, que ya ha marcado un estilo con títulos como The Master y Magnolia, y que poco a poco se ubica como un director referencia que seguirá dando de qué hablar.  

Esta parla parece muy mamerta, como las conversaciones esnob que se arman previo al inicio de algunas funciones, en las que se podría sentir en el lugar equivocado por la ausencia de palomitas o del clásico sonido del vecino que se acaba hasta la última gota de gaseosa. Aun así, deslíguese de los prejuicios, fúmese al Hollywood de la alfombra roja y sáqueles provecho a joyas como Inherent Vice, que echa para un lado tanto show mediático y el exceso de desfile para dejarnos escenas memorables, que no son de arrunche de fin de semana, pero sí deben ser la dosis personal de ficción que tanto usted, como yo, necesitamos.  

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.

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