El río Bogotá

Por: Adolfo Zableh Durán/ @azableh

Por Adolfo Zableh Durán

Pocas cosas nos enseñaron del río Bogotá en el colegio. Lo básico, en realidad: que nace en el páramo de Guacheneque, que tiene unos 350 kilómetros de largo y que desemboca al Magdalena cerca a Girardot. De su contaminación y su olor nos enteramos cada tanto por las noticias, y por el color y el olor que vemos y sentimos cada vez que entramos o salimos de la ciudad, por la 80 o por la Autopista Sur.
 
El Bogotá pasa por 45 municipios, en su cuenca viven unos nueve millones personas y solo 10 de sus 350 kilómetros no están contaminados. Más de 300 toneladas de desperdicios son vertidos diariamente en sus aguas, donde se pueden encontrar llantas, muebles viejos y animales muertos, por nombrar solo algunos de los desechos que van a su cauce.
 
Del río Bogotá de la foto, en cambio, nunca nos enseñaron nada en ningún lado. Se trata en realidad de la carrera Séptima con calle 67 (en el edificio que se ve al fondo funciona Caracol Radio), pero a juzgar por lo negras y caudalosas de sus aguas, podría pensar uno que el río de toda la vida se desbordó y vino a parar acá.
 
No es una foto reciente, debo decir, la tomé hace un par de meses en plena temporada invernal, pero se trata una postal que no pasa de moda, porque cada tanto las calles de la capital se inundan cuando las lluvias arrecian. Encuentra uno en internet noticias de archivo, fechadas en 1993, hablando del problema de las alcantarillas tapadas y las calles inundadas, y más reciente, en 2011, una nota donde se afirma que se sacaron 7000 toneladas de basura de las alcantarillas de la ciudad, causante de las inundaciones.
 
El asunto no solo causa trancones, accidentes y daños a la malla vial, sino que convierte la sana costumbre de caminar en algo imposible. En Bogotá quieren hacer el metro subterráneo, pero antes de cualquier plan y obra de adecuación van a tener que enseñarnos a no botar basura, y luego van a tener que sacar la que ya tiramos. Luego, sí podrán hacer su metro.
 
Esta semana salió la noticia de que amenazaron de muerte a Gustavo Petro con un mensaje que afirmaba que no terminaría su mandato. El hecho no solo es una falta de respeto hacia la vida en general y hacia la del alcalde en particular, sino una decisión demasiado radical. Para castigar a alguien que viva en Bogotá no hay que matarlo, ni siquiera sancionarlo, basta con ponerlo a manejar cada vez que llueve.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

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