Hora bogotana

Por: Andrés Ospina. Escritor y realizador de radio/ @elblogotazo

Por ANDRÉS OSPINA

Tanto reloj, por ahí abandonado. Huérfano. Extraviado. Expropiado por alguno de los cuantiosos y muy diestros miembros del hampa citadina. Confiscado en compraventas de la Caracas. Detenido en instantes remotos. Hecho vestigios de maquinaria estropeada. Como el cachaquísimo adosado al templo de San Francisco, testigo de tantas cosas. Como su vecino –el de El Tiempo, en la Jiménez–. Sus focos completarán dos decenios apagados.

Como el de la Casa de la Moneda. Como el del edificio Pedro A. López. Como el de San Ignacio, según se rumora en movimiento ininterrumpido desde 1909. Como el del Parque Nacional. Como el de la Catedral Primada, por incontables horas congelado, cual símbolo de negligencia.

O como las ruinas herrumbrosas de aquellos electrónicos con base metálica y estructura aparatosa, que en los ochenta y noventa ornaban avenidas y cuyos mensajes rezaban consignas mentirosas del tipo “Hagamos de Bogotá un parque”, “No sea mugre con Bogotá”, o “Bogotá para todos”, complementadas con información suplementaria sobre la temperatura o publicidades de patrocinadores. Quienes no los conocieron pueden observar uno en la escena nocturna del llamado Centro Internacional en La estrategia del Caracol. Así eran.

Evoco el tono análogo de la ‘señorita reloj’ que antaño contestaba el 117, tan distinto de la voz robotizada del presente. Cuando las mujeres “no nos daban ni la hora” su artificialidad consolaba. Cantaba ‘la militar’… esa misma de Cinemax, HBO y demás teleoperadores de cable.

Pienso en las viejas publicidades murales de Seiko, Casio, Citizen u Orient que nos quedan –descoloridas, craqueladas y setenteras– en edificios de la Trece, Décima o Séptima. O en aquellos ochenterísimos y algo lobos dispositivos de pulso, dotados de radio AM/FM, linterna, agenda electrónica, juegos, data bank y algunos otros accesorios, de esos a los que ahora llamarían apps. O en aquellos de pared. O en los viejos Benneton y Swatch y su compañero de perfil discreto… el M-Watch. O en los Rolex ‘adulterados’ que en combo con anteojos Ray-Ban ofrecen por 20.000 pesos –mediante el método diferencial “según el marrano”– en la 82. Incluso en las leontinas ‘Ferrocarril de Antioquia’, emblema del ‘hermano departamento’. “Flor de ‘relós’”, dirían Les Luthiers, autores, por cierto, del minimalista Vals del segundo, acaso similar al Me robaron el reloj, de don Fulgencio, a ritmo de Air Supply. ¿Alguien recuerda?

Termino con reflexión alrededor de nuestra laxitud y desconsideraciones para con el pobre Cronos, soberano supremo. Aquí “a las 5”, significa “entre 5:15 y 5:45”. Entre todos suscribimos un pacto tácito de impuntualidad, admisible y hasta cívicamente correcto. Eso conlleva ventajas, como la celebrada ‘ley del cuarto’, bendición del universitario y costumbre de seguro cultivada en otras latitudes. Pero a la vez devalúa nuestra palabra y propicia desorganizaciones y caos. Los británicos tienen su tea y su English time. El chocolate, el café y la aguadepanela colombianos –en contraste– son random e improvisados. La ‘hora colombo-bogotana’ –concordante– pareciera regida por una pasmosa ligereza y un inexistente rigor.

Supongo que quizá por ello nunca entregaremos el túnel de la línea, no hemos conseguido levantar un solo tramo de metro, desconocemos plazos de ejecución, pedimos demasiadas prórrogas e incurrimos en el error consuetudinario de los ‘estudios insuficientes’. Nos leemos el próximo martes, en unos 10.080 minutos. ¡Todos puntuales!

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

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