El callejón de los sueños intactos

Por Eduardo Arias

En estos tiempos que corren, en que un grupúsculo de estudiantes de las universidades de Los Andes y La Sabana pusieron de nuevo en el tapete la palabreja ‘guisos’… (a propósito, si nos rebajamos al nivel de raciocinio de esos estudiantes, diríamos: “¡Qué nombres tan guisos los de ese par de universidades, weón! ¡Ni que fueran pymes de municipio rural dedicadas a producir derivados  lácteos! ¡Quesos de la Sabana y Quesos de los Andes, weón!”… En fin, no nos desviemos del tema).

En estos tiempos que corren, decíamos, cómo aprecia uno esos espacios que, a pesar de sus defectos arquitectónicos y sus más que evidentes carencias, se llenan de vida gracias a los estudiantes que la guerrean con toda, los que trabajan de día y estudian de noche. Uno de sus fortines es el callejón peatonal que conforma la calle 80 entre el centro comercial Los Héroes y la carrera 15. Un pasadizo de cuatro cuadras de longitud por donde circulan centenares de personas que van en busca de la estación de TransMilenio de Los Héroes. Cuando cae la noche, sobre todo jueves y viernes, ese callejón los lleva a las tabernas del costado norte del centro comercial Los Héroes.

Este pasaje peatonal queda en el costado occidental de El Lago, un antiguo barrio residencial que se construyó sobre los terrenos del aún más antiguo parque denominado Lago Gaitán, y que a partir de los años setenta, con el auge de la carrera 15, se volvió muy comercial. Y de comercial elegante pasó a ser comercial más de pequeños negocios y también sede de universidades. Además, muy cerca de allí quedan Unilago y el Centro de Tecnología, dos mecas que atraen a centenares de gomosos de computadores, accesorios, programas y juegos. Así que se trata de una zona muy animada, y ese callejón peatonal de la 80 es la ruta obligada de los peatones que no tienen para carro ni taxi y que utilizamos TransMilenio.

La oferta del sitio es la adecuada para quienes caminamos por ahí. Ventas de arepas y de salpicones de fruta; puestos de chito, chicle, ‘charme’, manimoto y cigarrillos sueltos; ventas ambulantes de ropa; restaurantes de corrientazo básico; almacenes de accesorios y repuestos para celulares; minutos a 200 pesos. Todo ello adornado por grafiti, algunos intentos de jardinería y reforestación en losseparadores de  la parte oriental del callejón, pero también bastante mugre y amplios sectores de las zonas verdes sin césped por el sobrepastoreo de quienes caminan por allí en ambas direcciones.,

No es un lugar bonito, para qué nos decimos mentiras. No es tan elegante ni distinguido como ciertos sectores de la aristocracia estudiantil quisieran. Pero en esas cuatro cuadras la ciudad vive y respira al ritmo de lo que es. Una ciudad que puede llegar a ser feliz en un chuzo donde vendan cerveza y el chiste no cueste un ojo de la cara.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.
 

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