El síndrome Compagnucci

Por: Nicolás Samper C. / @udsnoexisten

Por Publimetro Colombia

Así los crían. No solamente en Argentina, valga la aclaración: en todos los países el afán por el resultado es capaz de hacer cometer estupideces hasta al más sensato. Y por supuesto la estupidez es el postre del insensato. En este caso, el estúpido e insensato es Lucio Compagnucci, jugador de la selección sub 20 de Argentina.

Su comportamiento seguramente es apenas la consecuencia y no la causa.

Habría que sentarse a charlar con él para ver cuáles son sus motivaciones para salir a matar en una cancha. Habría que preguntarle sobre quién le arrebató la inocencia enseñándole tantas malas artes, e interrogarlo sobre quién fue el pervertido que moldeó su carácter para mal. Hoy es un verdugo de esos que dan miedo. Es un tipo capaz de lo que sea por obtener algo. Y esa gente suele ser muy peligrosa.

Porque si siente que alguien le va a quitar ese pequeño pedazo de gloria que es vencer en un partido de fútbol -pequeño porque a su edad podrá ganar muchos más partidos- no interesa el daño que a otros pueda producir. Si es necesario escarbar dentro del ojo de un adversario, no importará. ¿Que esto le puede producir un grave lesión de córnea? ¿Que de la nada le puedo acabar la carrera a un tipo que también sueña con jugar en primera, irse a Europa y vestir la camiseta de la selección de mayores? No es mi córnea, así que asunto terminado.

Compagnucci es apenas el resultado los afanes que trae el fútbol en estos tiempos tan agrestes, en donde si no se gana se es una escoria, una miseria humana, un guiñapo digno de lapidaciones. Seguro que esa información quedó inscrita en la corteza cerebral de Lucio desde hace muchos años, porque no es la primera vez que incurre en semejantes excesos contra sus rivales, al que él ve como enemigos y no como lo que en el fondo son: colegas.

Aunque vestido de victimario por la salvaje agresión a Jarlan Barrera durante el juego Argentina-Colombia, ese pobre hombre es también víctima porque lo enseñaron a eso: a no dejarse ganar al precio que sea. A perjudicar si es necesario porque el “todo vale” y la “viveza criolla” es lo que lo hará surgir de entre las sombras, desechando de tajo el talento o la disciplina como primeras herramientas. Es que las dos anteriores implican un camino más largo, sendero que Compagnucci parece no estar dispuesto a transitar.

Y vale la pena revisar su twitter para entender a Compagnucci. En su cuenta, por ejemplo, hay trinos que no hablan muy bien de su forma de comportarse en la vida, en especial, si debe afrontar las consecuencias de un error propio: “Que bronca los policias me frenaron por hacer una mala maniobra y uno me arrebato me queran sacar el registro le tube que dar unos botines”.

Su gol frente a Colombia, tan celebrado por él, quedará por siempre en el hall de su propia infamia y en la de aquellos que alguna vez le enseñaron a Lucio Compagnucci el mágico pero siempre reversible poder de la deslealtad y la trampa.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

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