"El gobierno ha destruido la confianza de las negociaciones"

Por: Mar Candela, ideóloga Feminismo Artesanal.

Por Mar Candela Castilla
Mar Candela.

Mar Candela.

Andrés Reina

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Asesinaron a indígenas y no pasó nada, secuestran a un general y de inmediato se suspenden los diálogos. El secuestro es inaceptable se trate de quien se trate. Eso es irrefutable.

“Si la guerrilla sigue dando estas muestras es muy complicado conseguir la paz, tienen que comenzar a demostrar que quieren vivir en un país en paz. Necesitamos que demuestren con hechos lo que están diciendo”, comentó Claudia Farfán, esposa del general Rubén Darío Alzate.

Cuando leí las palabras de esta mujer fue inevitable ponerme en sus zapatos. No alcanzo a imaginar su dolor, su angustia y su desconcierto. ¿Cómo creer en la paz cuando siguen privando de la libertad a personas en nombre de la guerra? Este es el gran reto que tenemos, creer por fe en la paz.
Aun así, el segundo reto es no cruzar la delgada línea entre la fe y estupidez. La gran ironía de los diálogos de paz en Colombia es que se negocia el derecho de cada uno de los ciudadanos a una vida libre de violencia mientras se hace la guerra,

¿Diálogos de paz en medio de sangre y fuego? Esto es solo síntoma de que no hay confianza, de que todas esas personas que están negociando la paz desconfían y no le creen honestamente al proceso.
Santos apostó todo su capital político por la paz. Si bien sin su defensa férrea al proceso de paz, él no hubiera repetido mandato, las FARC deberían ser por lo menos conscientes de que este gobierno le apostó todo a esta negociación. Le apostó todo en medio de tantos detractores de la paz y somos nosotros todo el pueblo que ellos tanto dicen defender, la ciudadanía de a pie que no pertenece a ninguna “linaje” ni “clase” quienes esperamos que muestren verdaderas señales de paz.

Parece mentira que las FARC sean quienes se sientan defraudados, si bien ningún proceso de paz se hadado de la noche a la mañana dudo mucho que la mentira haya sido el café a compartir en cada día de dialogo. No soy enemiga de la paz soy enemiga de la farsa y ya me canse de defender lo indefendible. Todo parece indicar que Juan Manuel Santos tampoco pasara como el” presidente de la paz” como no lo hicieron en su momento los ex presidentes Belisario Betancur ni Andrés Pastrana.

Me duelen las cientos de mujeres que a diario tienen que llorar a sus hijos y compañeros por morir en la guerra, sin importar el tamaño de sus billeteras, si son civiles o militares y mucho menos, cuántas estrellas o insignias tienen en sus uniformes. Yo no soy clasista, no me interesa promover más guerras entre hermanos pero algo que ha quedado claro es que en Colombia sí existen ciudadanos de primera y de segunda categoría. Los hechos hablan por sí solos.

Asesinaron a indígenas y no pasó nada, secuestran a un general y de inmediato se suspenden los diálogos. El secuestro es inaceptable se trate de quien se trate. Eso es irrefutable.

Me pregunto: ¿Quién entrevisto a las compañeras sentimentales de los indígenas? Con esto no digo que el dolor de Claudia Farfán tenga menor valor. Para mí se trata de lo mismo, mujeres en medio del conflicto viendo a sus seres queridos sufrir los horrores de la guerra solo que, al parecer, existimos mujeres de importancia y mujeres invisibilizadas a razón de lo que puede ser contado y lo que no debe ser contando. Lo que vale es ser bomba mediática y lo demás, no.

No le quiero dar la razón a quienes desde siempre han desconfiando de la esperanza de paz, tampoco quiero creer en los discursos del “gran Colombiano”, quien más que denominarlo “Gran Colombiano” deberían denominarlo “Gran cínico” o el “Gran Hermano” en referencia a ese personaje creado por George Orwell en su novela 1984 que decía “La guerra es la paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza”.

Confieso que me siento en una encrucijada, me debato entre mis ideales sociales y políticos, mis sueños humanitarios y los hechos sobre la mesa.

Es definitivo que en el negocio de la guerra los grandes perdedores serán siempre quienes no tenemos “velas en ese entierro”.

Yo he marchado por la paz y creo en los discursos progresistas. Es más, en contra de mis ideales políticos, yo voté e invité a votar por Santos solo por mantener la esperanza de la paz viva. Y aunque no me arrepiento pues era mi deber ético apostarle a la paz, sigo creyendo en que la prioridad social debe y tiene que ser la defensa de los derechos humanos. Hoy más que nunca sostengo que siempre será mucho mejor una paz en proceso que una guerra declarada.

Confío en la posibilidad de una política ética que acabe con todas las políticas heredadas que no nos permiten ver claramente. ¿Retención o secuestro? En este punto es lo de menos, lo relevante es que no es aceptable que en plenos diálogos de paz se le prive de la libertad a alguien. Eso no es lógico, no cabe en la cabeza de nadie

Durante mucho tiempo creí que debíamos exigir cese al fuego pero debo decirlo sin clamar por la guerra y deseando profundamente que cese la horrible noche. Hoy no confió en las intenciones de paz de quienes mientras “negocian” nuestro derecho legítimo a vivir libre de violencias a diario siguen derramando sangre, siguen reclutando menores, siguen violando y siguen obligando a abortar a las mujeres. Si continuo la lista no alcanzaran las hojas para manifestar las razones de mi absoluta desconfianza en las FARC. Me duele Colombia y me duele hoy más que siempre porque aunque quiero creer en la paz, aunque quiero creer que otra realidad si es posible, cada vez veo como esa esperanza de alcanzar la paz se hace difusa.

Me siento defraudada. Por un lado un Gobierno que habla de paz mientras estratifica los derechos humanos como lo son la salud, la educación y la vivienda y por el otro, unos “salvadores renegados “que en nombre de un pueblo que no alcanzan a conocer y que muere entre tanta injusticia no aceptan sus /las responsabilidades y nos quieren hacer creer que sus asesinatos han valido la pena.

Es hora de un punto de quiebre que nos lleve al cese al fuego, que nos conduzca a una paz real o que nos condene a la eterna y maldita guerra. Estas negociaciones no pueden ser indefinidas. No sé si el presidente Santos quiere pasar a la historia como el presidente más crédulo e ingenuo de la historia porque dudo mucho que pase como el “presidente que logro la paz en Colombia” estas negociaciones se han convertido en una parodia es hora de exigir respeto por nuestra nación tanto los crédulos de la paz como he sido yo como los incrédulos ya no podemos seguir formando parte de este circo llamado “proceso de paz”. Y aclaro que mis miradas políticas no son partidistas, que alguna vez vote por un mesías que prometió acabar con la guerrilla y no pudo y que hoy día no milito en ningún partido político existente. Solo sueño con la paz, una paz para todos, una paz sin ciudadanos de primera y de segunda.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.

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