No se la pierda

Por: Ricardo Silva Romero

Por Ricardo Silva Romero

Pensándolo bien, es el mejor título posible: La siempreviva. Porque no solo nos define a aquella protagonista que, luego de una serie de giros de tragedia colombiana, no regresa jamás de la toma del Palacio de Justicia, sino que a estas alturas de la historia también nos recuerda que el drama que escribió el irrepetible Miguel Torres es un drama que no cesa, y una puesta en escena que no nos deja dejar atrás el escalofrío, y una obra eterna.

Yo he visto La siempreviva tres veces: solo tres. Y las tres, en 2007, 2010 y 2012, me ha sucedido por dentro.

En la casa en donde se presentaba siempre, a un par de cuadras del Palacio de Justicia, sentí que estaba en juego mi sistema nervioso mientras veía a cada actor de aquellos haciendo el papel de nuestras vidas.

Luego, todavía más cerca de esa orilla de la Plaza de Bolívar en donde –en noviembre de 1985– quedó más que claro que estábamos en guerra, hice serios esfuerzos por no llorar durante una lectura profundamente estremecedora que sucedió en la librería del Fondo de Cultura.

Dos años después, cuando Torres por fin se atrevió, por fuerza mayor, a presentar la obra fuera del patio de La Candelaria en donde siempre ocurrió, me quedé sin una sola sílaba a la mano en una silla de la Casa del Teatro cuando la madre de la protagonista grita lo que grita en el final imborrable del drama.

¿Por qué quiero volver a ver La siempreviva? ¿Por qué estoy escribiendo ahora mismo que, ya que Torres ha anunciado que hará una última temporada de la obra, no debe perdérsela nadie que esté dispuesto a caer en cuenta de que todo –la familia, la vocación, el amor, el despecho, la esperanza: todo– nos ha estado sucediendo a todos en medio de la guerra? ¿Por qué vuelvo una y otra vez a someterme a la experiencia de recordar cómo el horror obra en las casas de Colombia?

Porque La siempreviva es, más que todo, sobre sus personajes estupendos: sobre su payaso, y su usurero, y su joven extraviada, y su madre doblegada por el dolor, y cómo han estado haciendo todos –qué chistes han echado, qué trampas han tenido, qué pecados han cometido en aquel noviembre de 1985 que sigue sucediendo– para soportar esta parte del mundo que tanto tiene de infierno.

* Cada semana políticos, agrupaciones ciudadanas, personajes de la TV, artistas y deportistas podrán usar este espacio libre para expresar sus ideas.

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