La 53

Por Andrés Ospina

Por: Andrés Ospina. Escritor y realizador de radio/ @elblogotazo

Te atravieso. Ciudadela de escarchas, navinieves, palacios de yeso, lentejuelas, arte country y delirios infantiles de icopor. Avenida Pablo VI a la que nadie llama por nombre. Ráfaga de asfalto que te desprendes digna, de oriente al poniente, por más que sigas siendo campo de pruebas en donde afinamos nuestras destrezas destructivas.

En la Caracas… billares, amanecederos y cigarrerías perfumadas a decrepitud, manteca y empanadas de vitrina. Prenderías… Comercial Harvard. La Fiscala. El Diamante. Lentes, amplificadores e instrumentales odontológicos en reventa testifican la miseria de algún aprendiz de fotógrafo, músico o dentista, sumido en el infierno de la iliquidez. El dependiente remueve con palillo la sobrebarriga de sus premolares mientras atiende a sus clientes con desidia profesional.

En la Séptima… prendas, Dr. Martens, chamarras y pines. Mis buenos amigos de La Panadería Rusa o La Rock N Rolla. Dos custodias amarillas que modestas se levantan en la esquina, y a las que llaman Doral, contemplan la composición.

En la 30… el viejo caserío del Campín. Pasiones teñidas de rojo o azul y ruinas de un coliseo fosilizado que parece ovni, enfermo de inactividad y muerte cerebral, epicentro de rituales evangélicos y conciertos con mala acústica. Más abajo, vecindario ‘de pies a cabeza’ y parque Simón Bolívar.

Pensar que fuiste sede de un hipódromo que luego fue Sears y que –para tu desdicha y la de muchos– mutó a Galerías. De entonces te quedan cosas… como la lavandería Valet Plaza, con sus azulejos verdiblancos, las marqueterías y tu Banco Popular. Otras se te desvanecieron… como el Cream Colombia, el almacén de colchones Morfeo o la juguetería a la que Panamericana desterró, atendida por un teutón.

Te sobran restaurantes. Pizza por dupleta en Jeno’s. Chuleta ‘valluna’ en PPC. Cocina fusión en salchipapas y choricarnes. Salsamentarías en los contornos de tu puente, maquillado con graffittis, sobre cuyo piso unas palomas abrevan en cierto pozo pestilente. Hay en tus linderos solución para todos los innumerables matices del padecimiento humano… Acné, calvicie, abdomen grande, ortodoncia. Anticipos Express… “Tu dinero cuando lo necesites, sin estudios de crédito”. Casas de adivinación. Sex shops. Abarrotes, licores, productos de aseo, cerveza fría, pandebonos, agrio masato, avena ‘dizque’ cubana, ruinas de un expendio de bandejas paisas y hasta restaurante mandarín con rótulo de arte marcial.

Ahora que el año agoniza tú, calle 53, eres más tú que siempre… Porque en ti vive el sueño de un inacabable Halloween y de una sempiterna Navidad. De Buzz Lightyear y Bugs Bunny en tríplex. De deidades griegas esculpidas en barro. De cintas, cremalleras, botones, encajes, tarjetas, decoraciones, esquelas y ‘naviadornos’. De lencerías, carpetas, encolados, individuales y santos en porcelanicron o alabastro. De calabazas, Santa Clauses, espantapájaros y mamás ‘noeles’. De telarañas, tarántulas y máscaras. Y de piñatas… esperando un párvulo caritativo que las estalle.

El camino se agota y las imágenes tornan en preguntas. Te miro para despedirme, contemplo la montaña, ya medio oculta tras otro edificio, de esos con los que llevamos años asfixiándote. Una publicidad, en el piso más alto, sirve de conclusión: “¡Últimos apartamentos!”. Más abajo, un par de yarumos de conjunto multifamiliar vuelven la espalda al anuncio, como reclamando por haber sido plantados en una ciudad que ya ni con nosotros puede.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

 

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