La X marca el lugar

Por: Adolfo Zableh Durán/ @azableh

Por Adolfo Zableh Durán

El caos de la movilidad en Bogotá no solo tiene que ver con que el número de vehículos se haya duplicado en quince años, ni con que muchos de los 16.000 kilómetros de vías estén en malas condiciones, ni con que las avenidas principales no se hayan ampliado o mejorado. Sí tiene que ver, en realidad, pero no es solo eso.

También influye que la cantidad de carros haya superado la capacidad de las vías, tanto, que rutas sin semáforos ni cruces como la 30 y la autopista se paralizan en horas pico. Pero lo que en realidad hace que manejar en Bogotá sea un película de terror es que somos quizá los conductores más brutos y desconsiderados del planeta.

Tome la imagen que ilustra esta columna, por ejemplo. Por mucho que se mire, no encuentra el ojo la manera de desenmarañar el enredo. Pasa que en esta ciudad creemos que el semáforo en verde automáticamente significa tener la vía, y no nos ponemos a pensar que, aún con la luz verde, si la intersección está a punto de llenarse no se debe avanzar, porque luego el semáforo pasa a rojo y terminamos bloqueándola.

Ocurre entonces que pasamos de “estar en un trancón”, como solemos decir a quien nos pregunta por qué llegamos tarde y con mala cara, a armar el trancón. Nos lanzamos cuan brutos somos, como ñus atravesando un río, apenas la luz cambia y ni miramos si el carro cabe. Pasar a toda costa, como si tuviéramos el derecho divino de hacerlo, es la ley que rige el tráfico en Bogotá.

Y lo más ofensivo es que cuando alguien queda atravesado y tapa el cruce, ni mira los carros de la otra vía que se le vienen encima y lo encienden a pito, como si el asunto no fuera con él. Acá parecemos no saber que la gran X amarilla de las principales intersecciones de la ciudad están dibujadas para no pararse sobre ella. Y lo de dibujadas es un decir, porque tan poco la respetamos que ya casi ni se ve. Lo que alguna vez fue un gran símbolo de un color llamativo, es hoy apenas manchas. Ya no solo se trata de las calles rotas, las cebras pisadas y la sobrepoblación vehicular, en Bogotá y en Colombia, para manejar o para lo que sea, seguimos poniendo el bien particular por encima del bien general. Y así, por muchos carros que tengamos, no vamos a llegar a ningún lado.

Por: Adolfo Zableh Durán/ @azableh

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

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