“Yo le tapé un penal a Pelé”

Por: Eduardo Arias @Ariasvilla Escritor y periodista

Por Eduardo Arias

Han pasado muchos años. Si Pelé, Rivelino, Jairzinho o Tostão regresaran a Bogotá y quisieran recorrer los pasos que dieron en 1969 durante la eliminatoria al Mundial de México, nada podrían reconocer del Hotel Comendador, donde se alojaron, y a duras penas podrían reconocer el Parque del Brasil, donde ellos salían a descansar y tomar el frío sol bogotano después de regresar de sus entrenamientos. Allí jugaban con los niños del barrio La Magdalena que esperaban ansiosos la llegada al parque de los futbolistas para jugar con ellos.

El Comendador, ubicado en la carrera 18 entre calles 38 y 39, era un hotel de barrio, un edificio de cinco pisos en el estilo de cualquiera de los que hoy volvieron a ponerse de moda gracias al auge del Park Way, que está cuatro cuadras más al occidente del parque. Eran otros tiempos, en los que una selección de talla mundial no tenía que refugiarse en los grandes hoteles de cadena con guardias de seguridad, sino que podía asumir el gesto nostálgico y amable de pasar sus noches frente a un parque de barrio de clase media acomodada que con su nombre les evocaba su país.

De hecho, la última vez que Brasil se alojó en el Hotel Comendador fue en 1977, para las eliminatorias del Mundial de Argentina, pero los inconvenientes que tuvieron los brasileños con las instalaciones del hotel los obligaron a buscar otro la noche misma de su llegada.

Si usted encuentra a quienes vivieron en el barrio durante su infancia y juventud, escuchará este tipo de testimonios: “Yo le tapé un penal a Pelé”. “Yo le hice un gol a Félix”. “Yo me molié a Clodoaldo”. “Yo hice una pared con Jairzinho”. También le contarán que “Pelé le dio dos vueltas al parque en mi bicicleta Monark de semicarreras rin 26” o, sencillamente, que el mismísimo ‘O Rei’ le dio un autógrafo y le sonrió mirándolo a los ojos, como tantas veces lo ha hecho Edson Arantes do Nascimento en comerciales de Master Card, de Pepsi, de Casio…

El Hotel Comendador cerró sus puertas y la fachada del edificio cambió por completo. Durante años funcionó una institución educativa, y el potrero pelado donde se jugaba al fútbol lo reemplazó en los años setenta por una superficie de asfalto con porterías de microfútbol y tableros de básquet. Ahora han sembrado árboles, instalaron nuevos juegos para los niños. Ya es imposible jugar al fútbol en el Parque del Brasil.

El único recuerdo tangible de aquellas remotas tardes del que tengo noticia es un balón de Ernesto Thorin, artista, ceramista y exbaterista de la banda de rock Jekel Batts, en el cual están plasmados los autógrafos de todos los jugadores que enfrentaron a Colombia en aquella eliminatoria. Un recuerdo desinflado y que el tiempo ha ido destiñendo. Un recuerdo de un tiempo inimaginable en el que cualquier niño de barrio podía invitar a Pelé y a Rivelino a comer un helado comprado en la droguería de la esquina.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

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