Leyendas inurbanas

Por: Andrés Ospina, escritor y realizador de radio/ @elblogotazo.

Por Andrés Ospina

Todos en el colegio sabíamos lo que era El Vikingo… un establecimiento mítico consagrado al juego de billares, con sede en algún lugar indeterminado de la Caracas (cercanías de la 57, me figuro) en donde tenía lugar una dinámica extraña.

Había una mesa vestida con su verde característico, sobre cuya lisa superficie reposaba un montículo de esferas tipo ‘pool’, esperando a ser insertadas en los orificios de las esquinas, una de estas marcada con color especial. Quien consiguiera colar la totalidad de las ‘no marcadas’ a través del ducto propicio, tendría acceso a los favores venusinos de la ‘copulatriz’ que escogiera.

Pero ¡ay del que por error enviara aquella bola proscrita!, pues le aguardaría un ineludible sometimiento a una faena de sodomía con un afrodescendiente corpulento como compañero de binomio, ataviado con casco bicorne a lo Olafo y apodado, precisamente, ‘el Vikingo’.

Cuentan que en la Santamaría un toro escapó a sus verdugos y que descendió furioso desde el camión por el que se encaminaba al burladero, para dirigirse a la carrera 13 con 24. El bovino entró al edificio Bachué, enfilado hacia el elevador que justo abrió sus puertas para que este hincara su cornamenta sobre el vientre de un único y muy desdichado tripulante, quien falleció.

Rumoran que un hoy ex presidente y antes delfín y su hermano arrollaron a una infeliz viejecilla durante cierta carrera Go-Go y Ye-Ye de la Avenida Pepe Sierra, ritual propio en nuestros sesenta de ciertos aspirantes criollos a James Dean.

Relatan las bífidas lenguas que el mismo par de señoritos tuvo a bien hacer menester de la virtud de una jovencita descendiente de familia de optómetras. Y que el padre de la afrentada –en reciprocidad– aprovechó sus dotes de cirujano y anestesiólogo para despojar al agresor de una gónada. ¡Un presidente emasculado!

Historias así abundan: que en un restaurante de la Circunvalar y otro de La Calera freían carne de cristiano. Que Noel Gallagher anduvo bebiendo en In-vitro. Que en los ochenta había bandas especializadas en amputación de órganos vitales a borrachos, para subastarlas en bancos clandestinos.

Que Gacha embalsamó vivo a un mariachi para que permaneciera ‘ab-aeternum’ en su hacienda. Que Iggy Pop tenía una novia en Cedritos o La Candelaria. Que la madre del vocalista Prince era caleña. Que los refrescos Boli provenían de aguas apestosas. Que César Vallejo –habitante de las calles de nuestro Chicó y doble de Alfredo Molano– era hermano de Virginia. Que en el Cementerio Central había una mujer fantasma al acecho de conductores mediante ‘autostop’. Que la cantante Esperanza Acevedo Ossa (Vicky) era en realidad un caballero. Que los tatuajes de Cream Helado contenían dosis hipodérmicas de cocaína. O que personalidades como Ernesto Gilibert o Gloria Valencia de Castaño eran propietarias de sendos burdeles.

Llevo años compilando historias de tenores similares a los de las anteriores, sin haber podido, hasta ahora, comprobar o impugnar una sola. Temo a que la vida se me escape con tantos misterios aún represados en las arterioescleróticas ruinas de mi mente, cada vez más anciana.

Apelo, pues, a quienes sin duda sabrán más que yo con una pregunta… ¿Alguno, acaso, tiene elementos probatorios que corroboren o desmientan las aseveraciones anteriores? Porque yo no.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

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