Los mojones de El Chicó

Por: Eduardo Arias, @AriasVilla, Escritor y periodista

Por Publimetro Colombia

Debo confesar que desde tiempos inmemoriales (casi 50 años) me he preguntado cuál es la Junta Cívica que promovió instalar los mojones blancos que eran tan característicos del barrio El Chicó y que indicaban el nombre (o, mejor, el número) de sus calles y carreras. En todos ellos, además del dato arriba citado, se leía: “Junta Cívica 1967”. La desalentadora búsqueda en Google ofrece un solo resultado, el decreto 14 de 1968 mediante el cual el Distrito le otorga a la Junta Cívica de El Chicó y La Cabrera un lote en la calle 94 entre carreras 20 y 21, destinado “exclusivamente a la construcción de campos deportivos, edificios culturales y de servicio social”.

El Chicó es un nombre que hoy, si acaso, remite a un equipo de fútbol que jugaba en Techo y se trasladó a Tunja, y a un parque con su respectivo museo homónimo, pero que poco o nada dice a nuevas generaciones, más acostumbradas al genérico “parque de la 93”. Ah, y al almacén Cariño Chicó, un clásico de la edad go-go, ye-yé y coca-cola de la carrera 15 que aún sobrevive.

El barrio El Chicó estaba conformado por casas, casi todas de un piso, esas que los profesores de arquitectura tanto despreciaban y que yo, que jamás las habité, recuerdo con mucha nostalgia. Casas lujosas pero de diseño austero, muchas de ellas con amplios ventanales, y algunas con jardines interiores inspirados en la cultura japonesa. También recuerdo sus antejardines (hoy convertidos casi todos en parqueaderos) donde los arbustos compartían el césped con hongos que hacían las veces de luminarias y enanos inspirados en la versión Walt Disney de Blancanieves. Hoy quedan muy pocas casas en el barrio El Chicó, y en casi todos sus lotes se han construido edificios de apartamentos y oficinas. Las casas que sobreviven son de oficinas o de locales comerciales.

Como recuerdo de aquel pasado borrado a punta de pica y retroexcavadoras, que convirtió un tranquilo barrio residencial en un infierno de movilidad, queda alguno que otro mojón que da fe de la existencia de la Junta Cívica. Mojones que evocan los ya remotos tiempos en que el extremo norte de la ciudad urbanizada eran los alrededores del Primer Puente, el de la calle 100. Porque del centro cultural y deportivo de la calle 94 con carrera 21, así como de las casas de un piso con sala-comedor japonesa y enanos y hongos gigantes en los antejardines, no queda ni rastro.

Por: Eduardo Arias, @AriasVilla, Escritor y periodista

Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.

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