¡No nos demos en la jeta!

POR: Marcela Alarcón / @MarcelaAlarcon

Cuando uno habla con los amigos de política y religión es mejor tener paciencia y a veces es mejor callar, decían los sabios abuelos. Pero a este dicho hay que incluirle ahora también hablar de fútbol. ¡Qué lastima!
Un deporte que debe ser sinónimo de amistad, de unión, de alegría, se convierte en enemistad, violencia y hasta muerte.

Cerca de cerrar el fútbol profesional colombiano lo invito a que haga un resumen de lo que el fútbol le da versus lo que usted entrega. Se trata de dar lo que uno recibe, ni más ni menos.

El fútbol no merece que usted se pierda del abrazo de un amigo, del grito colectivo o del asado un domingo y mucho menos que usted pierda uno más de su equipo de banquitas por pelear con un amigo. No lo merece porque ya es suficiente con entregarles el corazón y media quincena a unos colores que ni para el pan le dan.

El fútbol es un negocio, es una empresa que vende diversión. Y usted desde que compra una cerveza para ver un partido, está alimentando el bolsillo de un gran empresario que de pronto no sabrá si fueron dos o tres los goles, pero sí tendrá claro si son cuatro o cinco los millones en su cuenta. Cuando usted vea que su equipo pierde, piense qué le gustaría que hicieran los demás:
¿Le gustaría que “se la montaran”? Sería más chévere si le dicen “qué vaina lo de su equipo, pero ¡fresco que eso se recupera!”.

Entonces usted dirá que yo soy una romántica y que aún creo en príncipes y castillos, que así no son las cosas en la calle, y que nadie va a ser solidario con uno. Seguro sí, y ahí esta la grandeza: empiece usted a cambiar la violencia en el fútbol.

No hable con palabras fuertes del equipo contrario, para que no lo hagan con el suyo. No mire mal al que lleva otra camiseta, para que el honor de la suya se mantenga. Se trata de amar con pasión un equipo, no de odiar con pasión.

Como cuando usted ama una mujer, usted no la coge a darle golpes, ni a tratarla mal por que la ama, usted le lleva flores y la llena de besos. Haga lo mismo con su equipo, no lo golpee con su palabras vulgares. Piense que cada sentimiento de odio que usted tiene se convierte en un gol en contra de su equipo.

Qué lindo sería que saliera en las noticias el excelente comportamiento de los hinchas y no los nombres de los heridos, uno de esos nombres puede ser el suyo, el de su hijo, el de su hermano y el fútbol no va a parar; su equipo no va a jugar mejor porque unos seguidores hayan cogido a piedra un bus, ni van a hacer más goles porque mataron un hincha.
En esa lucha solo se puede perder. Y si un día usted está con sus amigos hablando de fútbol y siente que la conversación se torna pesada, sea un agente de paz y diga: amigos,  brindemos por la camiseta ¡pero no nos demos en la jeta!

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

POR: Marcela Alarcón / @MarcelaAlarcon

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